julio 12, 2024

Lo adeco no se quita, sino que se disimula

Lo que utilizo regularmente como chiste, pareciera que va más allá de la simple salida humorística. Que “lo adeco no se quita, sino que se disimula”, parece más que cierto, en estos días, sí observamos desapasionadamente la idiosincrasia criolla. Los valores originales del militante y simpatizante adeco han permeado en la sociedad política, y se mantienen al interior de las  relaciones diarias, sean estas económicas, familiares, humanas y ciudadanas. La solidaridad emocional… el apoyo al que menos posee…la convivencia, a pesar de las diferencias partidistas, se canalizaron dentro de una organización política con visión de poder y con un objetivo racional ético común: ser dueños de nuestras riquezas, superar la miseria y la enfermedad, desarrollar el aparato productivo nacional y generar el ascenso social de todos los venezolanos.

Se pueden hacer una lista de errores, omisiones y fracasos en esta búsqueda. Algunos son efecto de la realidad organizacional –burocratismo, cogollismo, muerte del servicio, para hacer sobrevivir a la institución- pero casi todos parecen afincarse en la perdida de la actitud ética que animaba al ideario político adeco. Por lo tanto A + B = C.  Fallecido el ideario, se le arrancaba el alma al programa político y de allí, a que la agenda se convirtiera, no más que en una sucesión de minutas entre almuerzos y cenas, no hubo mucho que esperar. En esta dinámica,  se perdió el camino resolviendo lo inmediato, sin proyectarse hacia el futuro.

Entre algunas fallas del AD histórico destacan:

1.- No estar a la altura de sus logros: no se utilizó ni la formación ni el mercadeo político para hacer entender al país los derechos adquiridos, la inversión en capital humano, social e infraestructura logrados en la democracia. Además, se le otorgó una indulgencia magnánima a aquellos que atentaron contra la vida y los bienes de todos los venezolanos. Los enemigos históricos del revisionismo de centro izquierda, como el comunismo y el fascismo -ambos antidemocráticos, totalitarios y de actuar sibilino- pasaron a ser “nuevos mejores amigos”, financiados incluso con dinero del Estado venezolano, manteniendo así su agenda oculta en el mundo, en especial contra el sistema político venezolano. En pocas palabras, nos encontramos ante una ausencia de un “republicanismo mínimo”. Como ejemplo, recordemos aquella frase de realismo político de Felipe González, cuando enfrentó a la violencia de ETA con el brazo armado de las GAL:”la democracia también se defiende en las alcantarillas”….cosa que no se hizo.

2.- Falta -y a veces ausencia total- de democracia interna en el partido.

3.- Falta de castigo real a la corrupción administrativa y a las nacientes mafias financieras            -especialmente durante el lusinchismo- quienes luego servirían de apoyo medular al actual chavismo financiero.

4.- Falta de formación en los cuadros y premiación de la mediocridad en su dirigencia, en lugar de promover el mérito y la claridad ideológica. Realidad que luego pondría en evidencia que, al interior del partido, la lucha nacionalista, la labor promotora del Estado, el conocimiento de las reglas de la economía, la formación ciudadana, el pase de la antorcha de los ideales -y la práctica de la libertad- fueran siempre menos trascendentales, que la elección de una reina de carnaval o la acusación entre administraciones.

5.- El desencuentro con la juventud histórica de AD, perdida en las divisiones del MIR en adelante, así como el olvido regular –muchas veces relegadas al tiempo de elecciones- de las nuevas juventudes generacionales venezolanas.

6.- Fomento del clientelismo y afincamiento de las conveniencias de los poderes públicos. Ya al interior del partido, no quedaba una línea que luchara por el pueblo, sino por las prebendas de ser funcionario del partido.

7.- Poco interés en abandonar el modelo rentista, la monoproducción petrolera y la ausencia de interés en escuchar las voces, que desde todos los rincones intelectuales y productivos del país, pedían a gritos la diversificación de la economía.

8.- Silencio por supervivencia, complicidad ante el desmantelamiento moral y físico del país

9.- Por ultimo, jugar al golpismo interno –Caracazo del 89, como la máxima expresión del pase de factura interno- y el apoyo tras bastidores al movimiento antipolítica forjado desde la derecha económica –junto a la izquierda ortodoxa y al partido militarista- Valga recordar, que tal estamento económico no existiría, si no es por el proyecto Betancourista de creación de una burguesía nacional y nacionalista.

Para nadie es una sorpresa que la socialdemocracia inspiró la conformación de una nueva perspectiva de redistribución del poder y la economía en el mundo, distinto a los fanatismos anquilosados de izquierda y de derecha. La importancia del APRA, de AD,  del PSOE, del New Labour Party pervive cuando sigue animando la idea de humanizar los productos de la economía, en lugar de economizar al ser humano.  “Tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario” como lema de acción sigue vivito y coleando.

Por eso, para entender a Venezuela hay que entender su historia y reflexionar sobre la gestión y la omisión de sus partidos. Más allá del mea culpa, en AD debe haber una tertulia desprejuiciada, que genere acciones políticas con el objetivo de salvar al país de sus miedos reales y de sus fracasos actuales.  Aprender de los errores -y regresar con lo mejor de los orígenes a cuestas- es tarea de todos los demócratas estructurales en el mundo, sea cual sea su origen, en términos de cultura política. Es asimismo, una oportunidad para todos los partidos políticos en Venezuela. Sí AD insiste en no determinarse, seguramente otro partido ocupará su lugar. 

Artículo publicado originalmente en 2015

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Joaquín Ortega

Joaquín Ortega es el Editor en Jefe de Hilos de América.

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