abril 3, 2025

Canciones representativas: entre el desarraigo y la identidad (II)

La entrega previa, donde se hizo mención de cuatro canciones emblemáticas de nuestro país, se especuló con la posibilidad de que Antonio Guzmán Blanco (1829-1899), presidente hasta en tres ocasiones, entre 1870 y 1887, más allá de haber decretado al “Gloria al Bravo Pueblo” como himno nacional, también podría haber inspirado a Rafael Bolívar Coronado, cuando compuso la letra del “Alma Llanera”, como evocación de un pasado no tan lejano que favoreció lo que “El Ilustre Americano” y Ezequiel Zamora, “General del Pueblo Soberano”, habrían considerado sus territorios de mayor influencia. 

Ahora, la hipótesis sería mucho más temeraria, si cabe el término: Guzmán Blanco además habría sido la fuente indirecta que inspiró al principal antecedente de la canción “Venezuela”.

Tras exponer esta idea, se contextualiza la época durante la cual la letra de Pablo Herrero se ha consolidado como segundo himno de la venezolanidad.

I.- Los orígenes centenarios de “Venezuela”

Si bien alguien, como turista, becario o trabajador visitante, puede llegar a querer el patrimonio artístico y cultural, y las bellezas escénicas de un país, así como el carácter hospitalario y alegre de su gente, es imposible que por sí mismo pueda sufrir un sentimiento de desarraigo; peor aún, de exilio o destierro (lo digo tras haber vivido casi 10 años en México, país que quiero como a mi segunda patria).

Eso sólo podría sentirlo alguien que nació y creció allí (o llegó a muy temprana edad), una experiencia completamente ajena para Herrero y Luis Armenteros, pues ellos ni siquiera fueron parte de los inmigrantes españoles que llegaron tras la consolidación del franquismo.

A inicios de la década 1980-1989, Herrero y Armenteros recorrieron buena parte de Venezuela, justo cuando seguía siendo un destino atractivo para la inmigración. Así lo recordó Herrero durante una entrevista: 

“Estuvimos en Caracas… viviendo en Las Mercedes. Los fines de semana íbamos a la playa de Higuerote a descansar. Volvimos varias veces…

Conocimos Maracaibo, Canaima, la Gran Sabana y el Caribe. De eso se llenaron nuestros ojos. Creo que soy venezolano de adopción porque yo quiero y deseo serlo y esa canción me salió del alma…” (citado por Parra Istúriz 18-12-2023).

Entonces, si casi nadie querría irse de aquella otrora potencia petrolera, icómo Herrero fue capaz de componer una letra tan bella como dolorosa! 

Sí, se trata de una canción que mezcla los recuerdos de una infancia añorada con la desilusión por reconocer que quizá nunca se pueda volver, o de hacerlo habría que aceptar que uno ya no es el mismo y que el país tampoco.

I.1.- El poeta desterrado 

Pérez Bonalde es, en cierto sentido, un precursor de nuestra sensibilidad y de nuestra imaginación. En su tiempo fue un raro, un ser anormal y extraño. Hoy sería un maestro,… el que mejor comprendería nuestros dolores y quimeras.

Pedro Emilio Coll, Caracas, 04-10-1903.

Juan Antonio Pérez Bonalde (1846-1892) fue el mayor exponente del romanticismo venezolano y, aunado a su talento como poeta, destacó como traductor al dominar el inglés, el alemán, el francés, el italiano, el portugués, el griego, el latín, el danés y el mandarín (Medina 1973).

Más allá de haber sido un constante viajero por sus compromisos comerciales, Pérez Bonalde vivió tres exilios voluntarios: el primero, familiar, en 1859, rumbo a San Juan, Puerto Rico, tras el estallido de la Guerra Federal, cuando tenía apenas 13 años de edad; el segundo hacia Nueva York, ya por cuenta propia, en 1870, debido al triunfo de la Revolución Liberal, con 24 años; y el último, retorno a Nueva York, a fines de 1878, con 32 años, luego de la muerte de Francisco Linares Alcántara, presidente en ejercicio.

De manera que Pérez Bonalde vivió casi 19 de sus 46 años en Venezuela, lapso que comprende cuatro etapas: 1846-1859, 1868-1870, 1876-1878 y 1890-1892; cada una de ellas culminó con el surgimiento de “revoluciones” que significaron el ascenso, consolidación o retorno de Guzmán Blanco. 

En particular, los dos últimos retornos de Pérez Bonalde ocurrieron tras las salidas temporal y definitiva de la Presidencia por parte de Guzmán Blanco. Sobra decir que el discurso frontal del periodista y la sátira del poeta nunca habrían sido tolerados por el autócrata megalómano.

Además, del desarraigo, Pérez Bonalde sufrió dos pérdidas que le marcaron el resto de su vida, la de su madre, que motivó su regreso en 1876, y la de su hija, Flor, con apenas tres años de edad.

Sí, el dolor lacerante y las emociones encontradas que inspiraron a Herrero en 1982 habrían sido los que plasmó Pérez Bonalde en uno de sus poemas.

En aquella época, sin Internet ni motores de búsqueda, habría bastado con visitas a la Biblioteca Nacional o la Biblioteca Central de la Universidad Central de Venezuela, tras recomendaciones de algún profesor de la Escuela de Letras.

Con respecto a la música, la interacción constante de Herrero y Armenteros con las casas disqueras y otros artistas habría sido suficiente insumo para estudiar detenidamente los ritmos venezolanos tales como el vals o el vals-pasaje. 

La “lentitud” relativa de “Venezuela”, según el entonces sello discográfico con el que grabó Balbino, sería común a “Dama Antañona”, “Rosario”, “Tierra Tachirense” o “Conticinio”, por citar ejemplos (pido perdón a los musicólogos, si escribí algún disparate).

I.2.- “Vuelta a la Patria” como fuente primaria de la canción “Venezuela”

Publicado en 1877, se trata de un poema con 45 estrofas, comprendidas en dos partes: la primera, dedicada al reencuentro con el país, con 27 estrofas; y la última, con 18 estrofas, es una elegía ante la tumba de su madre.

Podría afirmarse, sin lugar a dudas, que 7 de las 8 estrofas de “Venezuela” están basadas en al menos una decena de estrofas de la primera parte de “Vuelta a la Patria” y dos de su parte final.

Por el contrario, la cuarta estrofa de la canción tendría como referencia una estrofa del poema “Toda Deseada”, de Manuel Osorio Calatrava, quien además compuso la letra de “Elevación” (música de Josefa Victoria Almenar de Arreaza), tema que consagró como intérprete a Mayra Martí en 1969.

I.3.- Radiografía de una canción 

I.3.1.- “Venezuela”, estrofas 1 a 4

La canción de Herrero comienza así:

Llevo tu luz y tu aroma en mi piel

y el cuatro en el corazón;

llevo en mi sangre la espuma del mar

y tu horizonte en mis ojos.

Esto decía Pérez Bonalde:

(Parte I, estrofa 5)

Hay algo en esos rayos brilladores

que juegan por la atmósfera azulada,

que me habla de ternuras y de amores

de una dicha pasada,

y el viento, al suspirar entre las cuerdas,

parece que me dice: “¿no te acuerdas?..

(Parte I, estrofa 17)

Ya ocultándose va tras un recodo

que hace el camino, el mar, hasta que todo

al fin desaparece;

ya no hay más que montañas y horizontes,

y el pecho se estremece

al respirar, cargado de recuerdos,

el aire puro de los patrios montes.

Esta es la segunda estrofa de “Venezuela”:

No envidio el vuelo ni el nido al turpial;

soy como el viento en la mies.

Siento el Caribe como a una mujer;

soy así, iqué voy a hacer!

Como signo distintivo, Herrero menciona al ave nacional. He aquí la versión de Pérez Bonalde:

(Parte I, estrofa 18)

De los frescos y límpidos raudales

el murmullo apacible;

de mis canoras aves tropicales 

el melodioso trino resbala

por las ondas del éter invisible;

los perfumados hálitos que exhala

el cáliz áureo y blanco 

de las humildes flores del barranco.

Continúa Herrero, la tercera estrofa se caracteriza porque su primer verso endecasílabo comprende dos antinomias (desierto/selva; nieve/volcán) que además ya tienen relación con el poema de Osorio Calatrava.

Soy desierto, selva, nieve y volcán

y al andar, dejo una estela

del rumor del llano en una canción

que me desvela.

Sin embargo, su texto es comparable a estos versos de Pérez Bonalde:

(Parte I, estrofa 13)

No hay peña ni ensenada que en mi mente

no venga a despertar una memoria,

ni hay ola que en la arena humedecida

no escriba con espuma alguna historia

de los alegres tiempos de mi vida…

Con respecto a la segunda antinomia de la tercera estrofa, Herrero admite que se tomó una licencia lírica, es decir, usó el mejor vocablo para oponer al frío. “Es cierto lo del volcán pero era la palabra perfecta para evocar el calor en contraposición con la nieve.” (citado por Parra Istúriz 18-12-2023). De hecho, volcán es metáfora de pasión.

Con su cuarta estrofa, Herrero crea una alegoría de la mujer venezolana:

La mujer que quiero tiene que ser

corazón, fuego y espuela,

con la piel tostada como una flor

de Venezuela.

En este caso, su fuente primaria es la primera estrofa del citado poema de Osorio Calatrava:

Hermosa toda eres:

Desde el arco de cielo de la frente

hasta las diez rosadas medias lunas.

Pan tostado en el horno de mis besos; 

toda olorosa a trópico encendido; 

linda desde los pies a los cabellos; querida Toda, Toda Deseada; 

nieve y fuego a la vez: morena y clara.

Nótese que hay versos de la estrofa de Osorio Calatrava repartidos entre las estrofas 2, 3 y 4 de “Venezuela”. El quinto verso de Osorio Calatrava (“toda olorosa a trópico encendido”) equivaldría a sentir “el Caribe como a una mujer”. 

Por su parte, la antinomia “nieve y fuego” la convirtió Herrero en “nieve y volcán”, obviando detalles de geografía física.

“Pan tostado en el horno de mis besos” y “morena y clara” serán “corazón, fuego y espuela”, y “piel tostada” en palabras de Herrero.

I.3.2.- “Venezuela”, estrofas 5 a 8

Lo que podría considerarse la segunda parte de la canción de Herrero igualmente abarca cuatro estrofas; en la quinta estrofa el viajero alberga la ilusión de un pronto retorno aunque parezca no tener claro hasta dónde irá:

Con tu paisaje y mis sueños me iré

por esos mundos de Dios

y tus recuerdos al atardecer

me harán más corto el camino.

En palabras de Pérez Bonalde:

(Parte I, estrofa 3)

Y así como el bajel se va acercando;

va extendiéndose el cerro 

y unas formas extrañas va tomando;

formas que he visto cuando 

soñaba con la dicha en mi destierro.

(Parte I, estrofa 9)

iVolad, volad veloces,

ondas, aves y voces!

iFeliz a la tierra donde el alma tengo

y decidle que vengo

a reposar, cansado caminante,

del hogar a la sombra un solo instante:

decidle que en mi anhelo, en mi delirio 

por llegar a la orilla, el pecho siente

dulcísimo martirio;

decidle, en fin, que mientras estuve ausente 

ni un día, ni un instante hela olvidado…

Ya con la sexta estrofa, Herrero muestra al viajero más nostálgico, al comprender que su travesía será mucho más larga y prolongada de lo que supuso en principio:

Entre tus playas, quedó mi niñez

tendida al viento y al sol;

y esa nostalgia que sube a mi voz

sin querer se hizo canción.

Por supuesto, el recuerdo del niño en las playas (de La Guaira) no pertenece a un turista. De hecho, Pérez Bonalde en tres estrofas vislumbraba, sin fantasearlo en sus peores pesadillas, cómo se han sentido miles de compatriotas que han peregrinado por toda América Latina sin lograr establecerse e intentado en vano probar suerte aquí, para terminar emigrando de nuevo:

(Parte I, estrofa 14)

Allá van los humildes pescadores

las redes a tender sobre la arena;

dichosos que no sienten los dolores 

ni la punzante pena

de los que lejos de la patria lloran;

iinfelices que ignoran 

la insondable alegría

de los que tristes del hogar se fueron 

y luego, ansiosos, al hogar volvieron!

(Parte I, estrofa 15)

Son los mismos que un día,

siendo niño admiraba yo en la playa;

pensando, en mi inocencia,

que era la humana ciencia,

la ciencia de pescar con la atarraya.

(Parte I, estrofa 16)

Bien os recuerdo, humildes pescadores,

aunque no a mí vosotros, que en la ausencia 

los años me han cambiado y los dolores.

Sí, el poeta sentencia que, cuando se vuelve después de vivir como extranjeros, nuestro país ya no es el mismo… y nosotros tampoco.

La séptima estrofa de Herrero es como si el venezolano errante quisiera aferrarse a todo lo que le recuerde su identidad, a su memoria, y sueña con que, incluso más allá de nuestras fronteras, la nación venezolana seguirá existiendo. 

De los montes, quiero la inmensidad

y del río, la acuarela;

y de ti, los hijos que sembrarán

nuevas estrellas.

De hecho, “sembrar nuevas estrellas” sería una metáfora de honrar la bandera, nuestra nacionalidad, dondequiera que se esté.

Así lo expresaba Pérez Bonalde:

(Parte I, estrofa 25)

… Acarician los vientos la montaña;

del bosque los alados trovadores

su dulce canturia

dejan oír en la alameda umbría;

los menudos insectos en las flores,

a los dorados pistilos se abrazan;

besa el aura amorosa al manso Guaire,

y con los rayos de la luz se enlazan

los impalpables átomos del aire.

(Parte I, estrofa 7)

Ya muerde el fondo de la mar hirviente

del ancla el férreo diente;

ya se acercan los botes desplegando 

al aire puro y blando 

ila enseña tricolor del pueblo mío!

iA tierra! iA tierra! iO la emoción me ahoga,

o se adueña de mi alma el desvarío!

La última estrofa de Herrero evidencia la resignación de quien teme morir como extranjero y, por tanto, expresa su última voluntad:

Y si un día tengo que naufragar

y el tifón rompe mis velas,

enterrad mi cuerpo cerca del mar

en Venezuela.

De hecho, la metáfora del naufragio mortal adapta los versos de Pérez Bonalde, al rendirse a la fatalidad ante la tumba de su madre:

(Parte II, estrofa 7)

Después, la nave me llevó a los mares,

y llegamos al fin, un triste día 

a una tierra muy lejos de la mía,

donde en vez de perfumes y cantares,

en vez de cielo azul y verdes palmas,

hallé nieblas y ábregos, y un frío

que helaba los espacios y las almas.

(Parte I, estrofa 8)

Mucho, madre, sufrí con pecho fuerte,

mas suavizaba el sufrimiento impío

la esperanza de verte 

un tiempo no lejano al lado mío.

iAy del mortal que ciego 

confía su ventura a la esperanza!..

La ley universal cumplióse luego,

y vi en el alma, presta,

la mía cual mira en lontananza disiparse,

torcer el rumbo en dirección opuesta

el náufrago al bajel que vio acercarse.

II.- Venezuela, 1990-1999

La explosión social de 27 y 28 de febrero de 1989, conocida como “Caracazo” y reproducida en otras ciudades y pueblos con menor intensidad, era un serio aviso de eventual ruptura con el bipartidismo.

Apenas iniciaba el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez y, pese al oxígeno representado por las primeras elecciones de gobernadores y alcaldes en diciembre de ese año, todavía quedaba por ver de aquel quinquenio convulso.

Dos asonadas militares en 1992, y el juicio político que truncó el mandato de Pérez, dieron paso al interinato de Ramón José Velásquez y eventualmente al retorno de Rafael Caldera a la Presidencia… i20 años después de culminar su primer gobierno! Se trataba del primer presidente, desde 1958, que no había sido postulado por AD ni por COPEI.

Fue una década durante la cual se hizo tan patente el déficit fiscal, al punto que Caldera, muy a su pesar, debió implementar medidas de ajuste no muy distintas a las aplicadas por Pérez. Hacía tiempo que la renta petrolera era insuficiente.

En paralelo, los escándalos por corrupción y la creciente inseguridad generaban mayor descontento social. El sobreseimiento de los militares rebeldes y su admisión como la oferta electoral, con un discurso nacionalista y de revancha, fueron parte de los elementos que implosionaron el sistema bipartidista.

II.1.- El filtro del cancionero 

El convulso quinquenio 1989-1994, iniciado por Pérez y culminado por Velásquez, fue retratado por una telenovela que rompió con los cánones de la televisión venezolana: “Por estas calles” (1992-1994), original de Ibsen Martínez quien optó por cambiar el nombre del proyecto de la “telenovela de denuncia”, que en principio sería “Eva Marina”, alias usado por la protagonista, la maestra Eurídice Briceño (María Alejandra Martín), para ocultarse de la policía, por ser la principal sospechosa del asesinato de un fiscal con quien iba a encontrarse.

Martínez adoptó para su proyecto estelar el título de la canción que sería su banda sonora, compuesta por Yordano di Marzo. Mientras que la telenovela fue prolongada por dos años y casi tres meses, contra los deseos del libretista original (Martínez abandonó sin siquiera llegar a la mitad de las transmisiones), la canción de Yordano se volvió una especie de himno de los indignados y como tal sigue presente en el ideario colectivo.

La telenovela dejó como legado ciertos personajes icónicos, como el irresponsable Eudomar Santos (Franklin Virgüez); su gran amor, la enfermera y madre soltera Eloína Rangel (Gledys Ibarra); el incorruptible juez Álvaro Infante (Aroldo Betancourt) o la propia maestra Eurídice.

No obstante, el mayor legado de “Por estas calles” se resume en cinco personajes arquetípicos de un sistema político putrefacto: el médico inescrupuloso Arístides Valerio (Roberto Lamarca +); su suegro, el empresario y candidato presidencial Marco Aurelio Orellana (Héctor Myerston), conocido como “Don Chepe”, por su marca de harina precocida de maíz; la amante de éste, la “madame” Lucha Briceño (Carlota Sosa), en clara alusión al “barraganato” (el poder de las amantes presidenciales); la abogada Maigualida Casado (Flor Elena González), lugarteniente de la corrupción judicial; y sobre todo el comisario Natalio Vega (Carlos Villamizar +), a quien el asesinato de su hijo fiscal convirtió en un antihéroe, un “vengador anónimo”, conocido como “el Hombre de la Etiqueta”, dedicado a ajusticiar a (presuntos) criminales de cualquier estrato social, porque se trata de gente “irrecuperable”.

Volviendo a la canción de Yordano, lejos de estar inspirada en la Venezuela del segundo quinquenio de Pérez, en realidad se basó en una pieza teatral.

“Esa canción nació en Nueva York, cuando tuve la oportunidad de ver una obra de teatro escrita por un autor cubano… En esa obra los narradores eran los vagos de un pueblito perdido en el campo cubano, donde las acciones eran protagonizadas por los pequeños poderes: el alcalde, el cura, las señoras chismosas, los evangelizadores. Entonces el argumento estaba basado en lo que contaban los vagos, que también eran músicos y narraban en clave musical lo que ocurría.

Resulta que en la obra se referían a las prostitutas con el artículo “la” delante, y por lo general sus nombres tenían que ver con valores y virtudes. A partir de ahí se me ocurrió jugar con “la valentía”, “la piedad”, “la compasión”…” (entrevistado por Medina Marys 17-07-2020).

Para muestra la primera y quinta estrofas: 

Por estas calles 

la “Compasión 

ya no aparece

y la “Piedad” 

hace rato que 

se fue de viaje.

Por estas calles 

hay tantos pillos 

y malhechores

y en eso sí que 

no importa credo, 

raza o colores.

En paralelo con la desconfianza en las autoridades y el malestar socioeconómico, hubo cierto auge por lo venezolano; es decir, nuestro folklore, nuestros destinos turísticos y una notable comercialización de cuanto pudiera parecer identitario: chaquetas, gorras, calcomanías tricolores… 

Mientras tanto, ya hubo una pequeña oleada de emigrantes, pocas centenas de personas, en buena parte abriendo un compás de espera para ver cuál rumbo tomaría el país, sobre todo teniendo en cuenta que una alcaldesa y ex reina de belleza, Irene Sáez, así como un militar rebelde, Hugo Chávez, se sucedían en las preferencias electorales. Estaba claro que habría cambio; la incógnita era saber qué sustituiría al bipartidismo.

Por su parte, la discografía de la época mostró el ascenso de dos cantantes: el veinteañero Carlos Baute y un intérprete que con más de 10 años de trayectoria al fin conocería el éxito: Luis Silva.

Entre 1994 y 1996, Baute, entonces conocido como “el Llanero de la Ciudad, grabó sus dos álbumes “Orígenes con fusiones de piezas folklóricas. Además, en el segundo disco incluyó el tema “Yo me quedo en Venezuela.

En contraste con las dudas de esa pequeña oleada, la canción interpretada por Baute llamaba a confiar en nuestra gente y quedarse en el país. Se recuerda en especial su coro:

No hay mal que dure mil años

ni cuerpo que lo resista;

yo me que en Venezuela

porque yo soy optimista.

No me importan los colores

ni la magia electoral;

con todo y eso me quedo

este es mi país natal.

Ciertamente Baute había hecho ruido, tanto con sus fusiones musicales de temas folklóricos como con “Yo me quedo en Venezuela. No obstante, la voz de Silva vino a refrescar la canta criolla tradicional; tras su incursión desde 1982, vino a consolidarse en el periodo 1995-1999. Fue precisamente con su disco de 1998, en pleno año electoral, que “Venezuela caló con nueva fuerza en el público. 

Quizá tenía que ser un folklorista joven (barinés como Chávez) quien la interpretara, en plena efervescencia política y con un mercado inundado de “souvenirs patrióticos, para que la canción de Herrero saliera de su ostracismo.

Con el tránsito al nuevo milenio, Chávez llegó a la Presidencia, Baute terminó siendo parte de los inmigrantes en España, nadie volvió a interpretar “Yo me quedo en Venezuela y hubo otra oleada migratoria, un poco mayor, aún con la idea de dar tiempo al tiempo. A excepción de Baute, quien con más de 20 años en España siempre recuerda Venezuela en coyunturas muy convenientes para él; por ejemplo, tratar de aprovechar la popularidad de la versión que hizo David Bisbal de “El Burrito Sabanero

Dentro y fuera del país, la versión de Silva sería la más popular de “Venezuela, porque, a diferencia del disco de Balbino en 1982, en 1998 sí fue un sencillo promocional y no un tema rezagado.

III.- La consolidación de “Venezuela como segundo himno: 2013-presente

Este cuarto de siglo se ha caracterizado por la erradicación del bipartidismo por un régimen hegemónico, con cada vez más restrictivas condiciones de competencia electoral.

Además la polarización ha sido tal que la emigración apenas se contrajo entre 2005 y 2012, luego de la consolidación de Chávez y una coyuntura de bonanza petrolera. Con su muerte y el colapso petrolero, visible desde 2013, la sucesión de Nicolás Maduro ha visto caer la confianza tanto en la economía como en el sistema electoral, aumentando la emigración a niveles sólo superados por la hiperinflación, al punto que desde la reconversión de 2007 hasta ahora la moneda nacional ha perdido i14 ceros! A su vez, podría haber emigrado casi la cuarta parte de nuestra población.

Desde 2013, la emigración ha ido creciendo de manera sostenida, primero hacia Colombia, Ecuador y Perú, luego hacia Chile, Argentina y Uruguay. Después hacia el Caribe, llámese Trinidad y Tobago, Aruba o Curazao; finalmente hacia Estados Unidos o destinos intermedios, haciendo la peligrosa escala en la selva del Darién.

En paralelo, hubo un experimento musical iniciado en Europa y replicado en diversos países a partir de 2010: la presentación de conciertos sorpresa con músicos mimetizados entre clientes, vendedores y transeúntes en calles cerradas o centros comerciales.

Justo fue esa dinámica la que revivió y consolidó “Venezuela. En particular, hubo dos interpretaciones orquestales en 13 meses que conmovieron las redes sociales y dieron paso a réplicas por pequeños grupos venezolanos en distintos países e incluso en misas y graduaciones aquí.

La primera de ellas ocurrió en el casco central de Maracaibo en marzo de 2013 y estuvo a cargo de la Fundación para las Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles del Estado Zulia (El Sistema Zulia). 

Un año después, la Sinfónica Juvenil Chacao sorprendió a los presentes en el respectivo Mercado Municipal. En ambas ocasiones, como ocurre casi siempre, la sola melodía convocó al público y captó su atención entre aplausos y lágrimas.

Sí, sin habérselo propuesto Herrero y Armenteros transformaron “Vuelta a la Patria en el himno de la emigración resignada y de las familias rotas: de una población que, desesperada, huye de su país por falta de oportunidades y en busca de un entorno seguro.

La clave de la “empatía en retrospectiva con el poema de Pérez Bonalde es que, pese a ser políglota, él nunca tuvo vocación de emigrante, imprescindible para radicarse definitivamente en otro país y, apenas pudo, vino a morir aquí. La gran mayoría de quienes han emigrado en los últimos 11 años tampoco tiene esa vocación.

Referencias 

El Sistema Zulia (17-11-2013). Interpretación de “Venezuela en el casco central de Maracaibo, marzo 2013. Maracaibo, El Sistema Zulia. Disponible en Internet:

https://youtu.be/N0tjGG84Dww?si=rQHnRQA-S0_9TPt9 (consulta: 04-01-2025).

Medina, Ramón José (1973). Juan Antonio Pérez Bonalde, 1846-1892. Caracas, Ministerio de Educación.

Medina Marys, Catherine (17-07-2020). “Yordano: ‘Yo no compuse Por estas calles para Carlos Andrés Pérez’”. El Pitazo. Disponible en Internet:

https://elpitazo.net/cultura/yordano-yo-no-compuse-por-estas-calles-para-carlos-andres-perez/amp/ (consulta: 08-01-2025).

Orquesta Sinfónica Juvenil Chacao (03-04-2014). Interpretación de “Venezuela en el Mercado Municipal de Chacao, abril 2014. Chacao, Sinfónica Juvenil. Disponible en Internet:

https://youtu.be/uLzelvSQGuo?si=auTyTJYBMaFrSsy5 (consulta: 04-01-2025).

Osorio Calatrava, Manuel (1977). “Toda Deseada. En: Ramírez, Luis Edgardo, comp. Repertorio poético. Caracas, Piñango.

Parra Istúriz, Eduardo (18-12-2023). “Venezuela de Herreros y Armenteros: Una canción política? Radio Café Atlántico. https://radiocafeatlantico.com/venezuela-de-herreros-y-armenteros-una-cancion-politica/

Pérez Bonalde, Juan Antonio (1968). “Vuelta a la Patria. En: Gómez, Daniel, comp. Lecturas clásicas. Autores hispanoamericanos. Caracas, CO-BO.

Guillermo Martín

Guillermo Martín. Politólogo, Doctor en Ciencias Políticas y Sociales. Twitter: @guimarcastel

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