febrero 19, 2024

Transiciones políticas y transiciones hacia la democracia. Un eterno problema: casos comparados de Venezuela y Myanmar

El lector se preguntará qué relación guarda Venezuela con un país tan lejano como Myanmar. Especialmente dada la diferencia tanto geográfica cómo sociocultural. No obstante, el método comparativo que utilizaremos va más allá de una intencionalidad meramente subjetiva. En nuestro caso, será referencial a procesos que han estado en la palestra pública internacional y donde se han manifestado graves violaciones a acuerdos de transición previamente establecidos. Ese es el foco de este análisis. Enfatizar en que no toda transición política se convierte en una transición hacia la democracia, así como los escollos que estas presentan. 

I

En primer término, recordemos que desde 2019 insistentemente se habla de procesos de negociación para el caso venezolano desde el nombramiento como “Presidente Interino” de Juan Guaidó por parte de la Asamblea Nacional electa en 2015. Es decir, la que contaba con amplia mayoría opositora. El tema de una transición ha sido constante en la palestra comunicacional y especialmente en el ámbito académico. Hay varios problemas que observamos a la hora de hablar sobre transiciones tales como: 1) que todo proceso de diálogos y negociaciones lleva a una transición hacia la democracia; 2) que una transición política, por sí misma, puede ser acordada y mantenida en el tiempo por las partes: 3) muy poco se habla de casos donde las transiciones hacia la democracia han sido fallidas, y menos de que la mayoría de las transiciones no van dirigidas hacia este sistema de gobierno. 

II

La lucha por las libertades políticas y civiles en el sur de Asia, particularmente en lo que antes fue Birmania (hoy Myanmar), tiene una connotación importante a la hora de describir y examinar varios de los pasos a saber sobre una transición política. Sólo describiremos y nombraremos algunos elementos claves para entender esta realidad y las razones de citar dicho ejemplo[i].

 Myanmar es un país con importantes asimetrías. Multiétnico, plurirreligioso y multilingüe, pero con una clara mayoría bamar (68% de la población aproximada y mayoritariamente budista). Otras importantes etnias (rohinyás, los karen y los san) habitan las zonas más periféricas, y los conflictos de todo tipo han existido aquí por décadas. Graves problemas que se acentúan por el control férreo en todo nivel que asumió El Tatmadaw (Fuerzas Militares).

En 1962 se dio un golpe de Estado que institucionalizó la hegemonía que las Fuerzas Armadas. Se estableció una junta para gobernar el país, se abolió la Constitución de 1947, hubo prohibición de todos los partidos políticos, se disolvió el Parlamento, nacionalizó la economía y estableció la “vía birmana al socialismo” como ideología nacional. Se dieron atrocidades de todo tipo, tales como la eliminación de los derechos culturales y religiosos que las minorías sufrieron durante décadas, etc. Toda esta etapa duró hasta 1988, primero con Ne Win (Gobierno militar), y a partir de 1974 como “dictadura constitucional socialista”. El lema por su traducción sería algo como: “Socialismo y ejército: la vía birmana al socialismo”[ii].

Las crisis de finales de los ochentas, trajeron una fuerte crisis económica de 1987 y una insurrección popular (julio del 1988), liderada por Aung San Suu Kyi y brutalmente reprimida por el Ejército. Ne Win salió del poder. Hubo múltiples revueltas estudiantiles que exigían democracia y que terminó con otro sangriento golpe de Estado en 1988. Aunque luego, la Junta Militar retomó el Gobierno y revocó el sistema socialista, el Tatmadaw se replanteó su papel en la sociedad ante fuertes presiones internas así como internacionales. Esto llevó a una famosa “Hoja de Ruta de 7 puntos” que llevaría al país a una “Democracia Disciplinada” con la Convención del 2004 y el referéndum nacional y la Constitución del 2008. Es esto a lo que se ha llamado transición para el caso birmano básicamente.

Los acuerdos mínimos, objetivos y pasos se hicieron. Hubo críticas por supuesto, como en todo proceso de este tipo y lleno de tanta conflictividad, pero el problema fue que la Constitución de 2008 concedió al Tatmadaw plena independencia del poder civil y un 25% de representantes en el Parlamento. La Carta dio suficiente poder para vetar cualquier reforma constitucional. El Tatmadaw, a su vez, contó con el control total sobre la defensa y la seguridad nacionales. Tienen, también, el control parcial o total del poder legislativo y ejecutivo en caso de emergencia nacional. Así como debe sumársele el gran poder económico y comercial acumulado por décadas (control de la industria pesada, el turismo y demás rubros de importancia nacional). Dada la justicia transicional que hemos visto en otros conflictos (caso colombiano reciente por ejemplo) y los acuerdos-negociaciones, los oficiales quedan impunes por todos los abusos cometidos en el pasado y sus miembros solamente pueden ser procesados por tribunales militares. A la ciudadanía birmana esto les ha parecido una afrenta y una falta total a la justicia y a la democracia tan deseada.

En 2010, 2015 y 2020 el Partido de Suu Kyi (Liga Nacional para la Democracia) obtuvo mayor representatividad e importancia, así como el poder político. No obstante, en febrero de 2021 se dio un nuevo golpe de Estado. El Ejército lo justificó argumentando que en las elecciones del 2020 hubo un presunto “fraude masivo”. Por ello, anularon los resultados de dichas elecciones, la voluntad popular y comenzaron una persecución contra el partido de Suu Kyi y todo aquel que protestara.

III

Cada caso, conflicto y transición son evidentemente distintos. Por ende, cada proceso transicional lo es. Que exista o no el elemento electoral es sólo una parte de dicho proceso. Pero no es el proceso en sí como tampoco incluso tiene por qué ser el factor determinante. Esto lo afirmamos porque parece que hoy día los analistas y propulsores de las transiciones, no sólo en Venezuela sino a nivel occidental, han vendido la idea de que las elecciones por sí mismas darán como resultado una transición democrática, y esto no es exactamente así.

La comparación del proceso de transición en Birmania refleja que aunque hayan presiones internacionales, sanciones, bloqueos, ayuda de organismos internacionales y ONG’s, no necesariamente el resultado sea una democracia real. El ciudadano debe entender sobre estas posibilidades y amenazas, pero sobre todo la naturaleza de la política misma, la historia y realidad.

Para el caso venezolano se presentan muchas interrogantes. Un cambio eventual de gobierno no implica, automáticamente, que haya una transición a la democracia ni que esta pueda sufrir nuevamente ataques y retrocesos. Todo dependerá de las decisiones al respecto y la fortaleza institucional. Lo que sí debemos señalar de nuevo, es el peligro de creer que toda transición será exitosa. Una amenaza se cierne en la comunicación política. Aquella que sólo nos vende procesos de diálogos, supuestos acuerdos, el estrechón de manos y abrazos para las fotos. Una donde se habla de una justicia transicional y donde los mismos actores de siempre sigan ocupando puestos de poder. Una simple rotación dentro del sistema mismo para aparentar cambios. Reflexionemos y advirtamos de estas conductas antes de que ocurran.


[i] Véase el excelente trabajo al respecto de Borja Llandres Cuesta, “Myanmar: la Hoja de ruta de 7 pasos hacia una democracia disciplinada”. Documento de opinión, IEEE, septiembre de 2016. Disponible en: http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2016/DIEEEO91-2016_Myanmar_BorjaLlandres.pdf

[ii] En Ibidem.

David Petit Molano

Doctor en Historia por la Pontificia Universidad Católica de Chile, con Especialización en Derecho y Política Internacionales y una Licenciatura en Ciencias Políticas y Administrativas (ambas por la Universidad Central de Venezuela). Docente e investigador en áreas de Historia, Relaciones Internacionales, Pensamiento Político y Social, Lenguaje y Discurso. Mis líneas de investigación versan en Historia Política Comparada, Intelectual u Conceptual, así como en Teoría Política y Violencia Política y Conflictos Globales. También me he desenvuelto en el ecosistema de I+D+i, especialmente en Transformación Digital, Branding y Estudios Comparados.

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