mayo 23, 2024

Contra el Foro de Sao Paulo

A monseñor Rolando Álvarez

Hace más de tres décadas que se estableció el Foro de Sao Paulo. Sus fundadores, con sus meros nombres, dan cuenta fehaciente de sus propósitos: fueron Luiz Ignacio Lula y Fidel Castro. Con la colaboración irrestricta de Hugo Chávez en su momento y Nicolás Maduro ahora, sigue la izquierda latinoamericana dando fuerte quehacer a los demócratas del mundo, sin mayor énfasis en la búsqueda de su contención.

Por México, las islas del Caribe y Venezuela se pasea campante como un emperador Díaz-Canel; dicen que en un avión de una aerolínea estatal venezolana, hecho este último que no resulta increíble. Tampoco el otro así resulta. Lógico. El dominio planificado en 1990 ha sido indudablemente exitoso. Han contado con fuerzas políticas, con triunfos electorales, con apoyo financiero proveniente del narcotráfico tanto como del manejo del poder, con amistades incondicionales en Rusia, en China, en Irán, en Bielorusia y hasta en Corea del Norte.

Tibia, más bien fría, gélida, ha sido la respuesta. Ni Estados Unidos con sus aliados supo vislumbrar las fortalezas de ese plan, ni los latinoamericanos hemos sabido responder tampoco en bloque al mismo. El Grupo IDEA ha terminado en un notable fracaso de notables. De tal modo que la izquierda se ha apoderado del control en América Latina sin que se le haya sabido o podido responder para contrarrestar el avance que en algunos países ha resultado macabro. Los organismos internacionales no cuentan con poder suficiente para contener de manera inmediata los desmanes de la izquierda dictatorial. Allí están las actuaciones contrarias a los Derechos Humanos en Cuba, Nicaragua, Bolivia y, por supuesto, Venezuela.

La lentitud de, por ejemplo, la Corte Penal Internacional, hace pensar que el resultado de los juicios a quienes han vulnerado a la humanidad ocurrirá después de sus muertes y las nuestras. Las sanciones no han resultado suficientes para frenar la violencia desde el poder, el terrorismo de Estado desatado en esos países, donde los gobernantes, asidos a ese poder, realizan exactamente lo que bien les viene en gana, desconociendo la Constitución de sus naciones tanto como todo acuerdo internacional. Mientras los más cercanos al control de los Estados y sus detentadores dan muestras públicas regocijadas de sus fortunas, las que restriegan frente a una ciudadanía inerme, desasistida, hambrienta, desprovista, indefensa. Basta echar un ojo a la legendaria tarjeta de alimentación cubana, a las bolsas Clap en Venezuela o al acabamiento del valor del trabajo en esos países. ¿Dónde y para que está la Organización Internacional del Trabajo? ¿Adorno mundial?

En Venezuela no han parado las crueldades ni por la amenaza siempre latente de la CPI, ni por las sanciones flexibles de los EEUU, ni porque las cabezas de algunos de los mayores representantes del terror tengan un alto precio para la justicia americana. Las sanciones de Norteamérica, por cierto, varían según el pulso de la guerra en Ucrania, o según la necesidad de llevarse a los presos que el régimen usa como mercancía de intercambio, como si se tratara de botines de guerra. Los presos políticos en su gran mayoría siguen allí en las mazmorras, padeciendo las torturas físicas, psicológicas, los tratos crueles y degradantes. A quienes liberan, miles, les imponen restricciones exageradas a la libertad, por ejemplo la casa por cárcel. Nada distinto a lo padecido por ciudadanos cubanos, nicaragüenses o bolivianos. En eso también se luce para mal el Foro de Sao Paulo: para sus integrantes siempre será de mayor interés la conquista y preservación indefinida del poder que la vida o la dignidad humanas.

En América Latina, con la indispensable ayuda de los países democráticos del mundo, se debe, se ha debido, articular un grupo fundamental que contraríe fehacientemente al Foro de Sao Paulo y su fatídico accionar. Esas ideas y su realización política, ya se ha demostrado hasta el hartazgo de nuestras «sociedades», deben ser erradicadas cuanto antes de nuestro continente. También la penetración rusa, china, tanto como la de los fundamentalistas iraníes. No es cuestión de días. Se requiere de un proceso de acción y de concientización que ha avanzado sin duda en los diversos países que hoy están secuestrados, encadenados, sometidos, por el poder despótico. Importa detener el avance. Importa recuperar para la democracia la mayor cantidad de nuestros países.

Antes de lo anterior, debe generarse de inmediato un grupo de latinoamericanos afectados, unidos del modo que sea posible, en los países más sensibles: Venezuela, Nicaragua, Cuba, Bolivia. Cada quien por su lado resulta solo en su ahogamiento. Resulta impotente ante el avasallamiento. Desconectados los cubanos no pasarán de ser protestantes diarios en marchas, en calles, por redes sociales, presos o evadidos de pequeñas o grandes prisiones territoriales. Cubanos regados por el mundo o Venezolanos incrementando el desplazamiento para ser los primeros en refugiados del orbe, no son muestras leves para la humanidad. Más aún cuando nos usan como mecanismo de chantaje, a fin de que les bajen las sanciones o les den apoyo económico directo para continuar en el poder, martirizando a la población hambrienta de comida y de salud, de paz, de institucionalidad.

La vuelta a la democracia en el continente no será un logro espontáneo, no se dará desde la inercia o la inacción, como una lluvia imprevista. Debe bregarse día a día en cada uno de nuestros territorios. El costo es elevado en vidas, en sufrimiento, en padecimientos de toda índole. Pero no se ve que arranque el plan, ni siquiera que surja el plan, a pesar de los esfuerzos de varios políticos y pensadores. El destino de la América Latina no puede estar vinculado a una fatalidad insondable. Debemos trabajar unidos para solventar esta tragedia calculada e impuesta. Apoyada desde fuera de nuestro continente. Nunca es tarde dicen. Pero parece que tarde va siendo.

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William Anseume

Presidente de la Asociación de Profesores de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela

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