diciembre 1, 2022

Lula y su muy posible regreso ya están a la vuelta de la esquina

El regreso de Luiz Inácio Lula da Silva al poder es cada vez más probable. Incluso a sus 76 años.

Una encuesta del instituto Datafolha, difundida en marzo, ya hablaba de que el expresidente brasileño contaba con el apoyo del 51 % de los jóvenes del país para las elecciones presidenciales que se realizarían el próximo 2 de octubre, además de tener una ventaja de 19 puntos porcentuales frente a Jair Messias Bolsonaro, actual presidente de Brasil. Este 28 de julio la misma encuestadora informó que la ventaja se mantenía y que solo había disminuido un poco: ahora son 18 puntos porcentuales.

La inflación que sube peligrosamente, la tasa de desempleo que sigue sin bajar del 11 % y el calificado “mal manejo” de las políticas públicas de Bolsonaro frente a la pandemia por COVID-19 –que puso a Brasil como el país más golpeado por contagios y muertes en la región–, son algunas de las razones que tiene a gran parte de la población descontenta; esto podría producir un voto castigo en masa.

Aunque parece obvio, hay que decirlo: Lula da Silva cumple con el perfil perfecto para hacerle frente a Bolsonaro pues, según explica el politólogo especialista en Conflicto Político y Procesos de Pacificación, Miguel Ángel Martínez Meucci, “dispone de una cantidad de nexos políticos y sociales que difícilmente podría igualar cualquier otro político brasileño”.

“Con Lula, que junto a Fidel Castro fundó el Foro de Sao Paulo, la izquierda de Brasil y de toda Sudamérica alcanzó una influencia regional nunca antes vista (al menos desde la Revolución Mexicana). Ninguno de sus sucesores ha llegado a igualar el peso que Lula llegó a ejercer, y que en buena medida propició la polarización que llevó a Jair Bolsonaro al poder”, indica en entrevista para Hilos de América. “A día de hoy, en medio de la polarización que parece predominar en todo Occidente, sólo él ejerce el peso necesario para aglutinar a toda la izquierda y la centroizquierda brasileña contra Bolsonario, a pesar de los malos manejos que tuvieron lugar bajo su gobierno”.

La izquierda viene ganando terreno en toda Latinoamérica con presidentes afectos a esta ideología que han ganado en los últimos procesos electorales, uniéndose a otros regímenes totalitarios consolidados como los de Cuba y Nicaragua; el más reciente de ellos fue Gustavo Petro, nuevo presidente de Colombia.

¿A qué se debe esto?

En parte, a que se observa que la izquierda, además de mantener su eterno discurso dirigido a“las clases sociales más desfavorecidas”, está incorporando una presunta preocupación por los temas ambientales, de género y grupos vulnerables, sin esconder su idea de cumplir con la misma agenda 2030 de las Naciones Unidas.

Pero, como muchos han venido advirtiendo, este cambio de rumbo ideológico en América Latina no es precisamente el más deseado o apropiado.

En un artículo publicado en The New York Times, firmado por Julie Turkewitz, Mitra Taj y John Bartlett, se explica que “una combinación de fuerzas ha llevado a este nuevo grupo al poder”, siendo uno los factores principales “la animosidad contra los políticos tradicionales que ha sido impulsada por la indignación a causa de la pobreza y la desigualdad crónicas”, lo cual que se ha visto exacerbado “por la pandemia y han profundizado la frustración entre los votantes que han proyectado su indignación contra los candidatos del establecimiento político”.

“Pero justo cuando los nuevos líderes se afianzan en el cargo, sus promesas de campaña han chocado contra una realidad sombría, signada por una guerra europea que disparó el costo de los bienes cotidianos —desde el combustible hasta los alimentos— empeorando las condiciones de vida de los electores que ya sufren y disminuyendo gran parte de la buena voluntad de la que solían disfrutar los presidentes”, detallan en el artículo titulado: “La apuesta de América Latina por la izquierda tendrá una corta luna de miel”.

“El presidente chileno, Gabriel Boric; el mandatario peruano, Pedro Castillo y Gustavo Petro, presidente electo de Colombia, son algunos de esos líderes que alcanzaron la victoria con la promesa de ayudar a los pobres y marginados, pero enfrentan enormes desafíos al tratar de cumplir con las altas expectativas de los votantes”, agregan.

Nadie está a salvo del populismo

El discurso progresista de los líderes de izquierda es captador de la juventud.

Según el periodista venezolano Orlando Avendaño, Co-Editor en Jefe de El American, es probable que Lula se aparte de su discurso originario de izquierda soviética tradicional, para abrazar una retórica mucho más progresista, “similar a lo que está haciendo (Gustavo) Petro en Colombia”.

“Es muy posible que Lula dilapide su pasado para abrazar este discurso”, asevera Avendaño en entrevista para Hilos de América. “La izquierda ya no tiene casi posibilidad de llegar al poder, a menos que adopte el discurso progresista”.

“A excepción del Perú, donde ganó un marxista tradicional, en todos los países en los que se está imponiendo la izquierda ya no se trata principalmente de la lucha de clase sino de la lucha cultural”, argumenta el periodista.

Para Avendaño, el problema de Latinoamérica es que “sí hay una ética autoritaria muy inscrita en la política” y además está latente el elemento de crimen organizado, a diferencia de por ejemplo Europa.

“En Latinoamérica las instituciones suelen ser frágiles por la corrupción, que es innata al oficio. Entonces, si sumamos a la fórmula unas instituciones frágiles, la corrupción, el crimen organizado y el inacabado complejo latinoamericano de opresor-oprimido, donde toda la culpa la tienen los poderosos (sean los americanos o las grandes compañías), tenemos la tormenta perfecta para que cada país sea susceptible a la llegada de algún populista autoritario de izquierda”, advierte. “La diferencia con, por ejemplo, Europa u otras regiones reside principalmente en que en Latinoamérica se instaló la idea de que en la medida en que los americanos sean ricos, los latinos serán pobres. Y de esa premisa parten las otras taras políticas, de desigualdad, injusticia, etcétera”.

Martínez Meucci coincide en que el expresidente brasileño está dejando su prédica de la clásica izquierda para hablarle a los jóvenes, “que se encuentran más identificados con causas como el ecologismo y la agenda de género”, además de aquellas “clases sociales más desfavorecidas por el impacto económico de la pandemia”.

Cuando se refiere al populismo que podría incidir en estos comicios brasileños, el académico Martínez Meucci dice ser “muy escéptico” con respecto a las calificaciones que aluden a la “madurez” o “inmadurez” de los votantes en América.

“Durante mucho tiempo se consideró el populismo como un fenómeno propio de sociedades en vías de desarrollo, o si se quiere ‘políticamente inmaduras’, pero tanto los años 30 del siglo XX, como las últimas dos décadas nos muestran que ningún país está totalmente a salvo de este tipo de fenómenos: tanto en Europa como en Estados Unidos proliferan hoy los fenómenos populistas”, dice.

“Lo que sí creo es que el populismo, la polarización, las movilizaciones masivas y el modo en que vienen funcionando los flujos de información y propaganda en las redes sociales son fenómenos estrechamente relacionados, y que aún nos falta comprender mucho acerca de esa relación”, agrega.

¿Un Lula más radical?

Según Martínez Meucci, en un posible escenario en el que Lula vuelve a la presidencia de Brasil, se estarían consolidando varios años de hegemonía de la izquierda en todo el hemisferio, “dado el contexto actual en el que el resto de América Latina se encuentra ya gobernada por fuerzas afines al Foro de Sao Paulo”, teniendo en cuenta además que “el ala más izquierdista del Partido Demócrata de los Estados Unidos también ejerce una notable influencia en dicho país”.

A juicio del profesor universitario, el Lula de 2022 luce “mucho más radical” que el de hace veinte años atrás, por sus declaraciones cada vez más complacientes con figuras como Maduro u Ortega.

“Cabe entonces prestar atención al modo en que se comportará con respecto a las tendencias autoritarias de la región y en relación con la división de poderes en su propio país”, señala.

Avendaño, por su parte, es bastante claro con respecto a este punto: “Si Lula es más radical que hace veinte años estamos jodidos”.

“Hace veinte años Lula era la mascota de Fidel Castro. Una especie de emisario de La Habana en la región. Fue el artífice del Foro de Sao Paulo y un gran cómplice de la corrupción y la tiranía que Chávez fue imponiendo en Venezuela. Él mismo fue un gran corrupto y profundizó la destrucción de la robusta economía brasileña”, opina el periodista autor del libro “Días de Sumisión”.

“Afortunadamente Brasil fue más fuerte que él, y le sobrevivió. Pero si el Lula que podría llegar al poder es más radical que hace veinte años, le esperan unos días muy oscuros, no solo a Brasil sino a toda la región”, dice Avendaño.

Lula y sus ideas

El voto castigo hacia Bolsonaro, entre otros factores importantes, podría influir en que Lula regrese al poder en Brasil, envuelto en una narrativa triunfal por su reciente paso por la prisión, consolidando el resurgimiento de la izquierda en una América dividida entre Estados Unidos y unas cuantas naciones pintadas de rojo.

El 8 de noviembre de 2019, cuando Lula salió de la Superintendencia de la Policía Federal en Curitiba, donde permaneció detenido 580 días acusado de corrupción, no perdió tiempo en pronunciar un discurso cargado de populismo: “Queridos compañeros. No saben lo que significa que yo esté aquí con ustedes. Toda mi vida he estado hablando con el pueblo brasileño y no pensé que hoy podría estar aquí. Quisieron encarcelar una idea y las ideas no se encierran; no se matan”.

Pues esas ideas a las que se refería Lula, y a las que muchos les temen, podrían estar devuelta pronto. Muy pronto.

“Si Lula llega a Brasil toda la región se volvería roja, a excepción de, por ahora, Ecuador, Uruguay y Paraguay (en cuanto a Suramérica). Pero estamos hablando de que los países más importantes de la región serían parte nuevamente del eje socialista, donde el Foro de Sao Paulo juega un papel decisivo. Es decir, que el Brasil de Lula, la Argentina de Fernández o la Colombia de Petro pasarían a estar del mismo lado que la Nicaragua de Ortega, la Cuba de Díaz-Canel o la Venezuela de Maduro. Con sus matices, claro, pero todos parte del mismo esquema. En consecuencia, no habría fronteras claras para el desarrollo de las operaciones delincuenciales o arbitrarias de los países que son dictaduras en Latinoamérica. Si vamos más allá, es posible que una región afín, socialista, permita la construcción de una franja en la que se mueva con libertad el crimen organizado. El continente americano se partiría en dos, estando una mitad bajo el control de grupos criminales y con presencia de organizaciones terroristas como las FARC, ELN o hasta del fundamentalismo islámico como Hizbulá”, sentencia Avendaño.

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María José Núñez

Periodista Venezolana

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