mayo 14, 2022

Conservar y construir la paz en tiempos de guerra: que la violencia no se expanda

El año 2022 empezó en sus primeros 90 días con la tragedia de la invasión rusa a Ucrania: las tensiones que ya se estaban incrementando desde tiempo atrás y la pesadilla de la guerra, se volvió realidad. Un conflicto que, si bien se da entre dos naciones, se puede fácilmente extender a una catástrofe a nivel mundial; las amenazas de una guerra nuclear tienen a todos los países en un estado de alerta y gran preocupación.

Las armas, los misiles y los ataques guiados por el odio o el instinto de defensa ya están cobrando una cara factura que se traduce en muertes, daños a inocentes y ciudades completas; es un hecho: la guerra no deja nada bueno y como siempre la población civil termina siendo la más afectada; la niñez y las familias se ven gravemente dañadas. Desde que la primera bala es disparada, el sufrimiento se convierte en el pan de cada día.

El panorama de esta crisis a la cual prefiero ver como un asunto mundial y no solo de Ucrania y Rusia, es por si misma una mancha en la historia de nuestros tiempos. Los seres humanos en su aspecto más general, no hemos aprendido a construir la paz. La violencia sigue siendo el mayor de nuestros males en todas las esferas, desde lo social hasta lo político; desde lo nacional hasta lo global. Esfuerzos de años por un mundo mejor se ven obstaculizados y retrocedidos en cuestión de horas: ese es el poder destructivo de la violencia traducida en guerra. Políticamente, entre una Rusia que ataca y una Ucrania que se defiende, la razón ha tomado forma de fusil, y estos solo sirven para matar y destruir.

Dicho esto, una de las cosas que también nos debe preocupar es el carácter extensivo de la violencia; es decir, el efecto colateral que tiene para el resto del mundo con la proliferación del odio. Esto se puede manifestar de diversas formas, por ejemplo: en la xenofobia contra la población rusa y la justificación de la escalada del conflicto armado como único mecanismo de resolver el problema; además que el lenguaje con el que se habla del tema en los círculos sociales y los hogares, influye mucho en el barómetro de la crisis a nivel mundial.

Es difícil, especialmente cuando provenimos de culturas muy violentas, pensar fuera de la caja de guerra para combatir otra guerra, de la ley del Talión, de la venganza. Pero debe ser parte de nuestra evolución comprender que la violencia se combate con la paz. Con esto no pretendo desacreditar el legitimo derecho a defenderse que tiene las personas que son atacadas, pero si las actitudes agresivas que se toman desde sociedades civiles de otras naciones cuando se refieren a temas de conflictos armados, en este caso el de Rusia y Ucrania.

Se puede apoyar a la población que sufre sin sumar fusiles precisamente, sin esparcir el odio, frenando la onda expansiva de la violencia. Podemos considerar estas preguntas: ¿cómo se habla del tema de guerra Rusia-Ucrania en nuestros entornos sociales y familiares? ¿Hemos considerado la noviolencia cuando nos referimos al tema?

Si en la primera cuestionaste, nos encontramos con ideas que atacan de forma generalizad a los rusos como personas y no a las acciones de sus gobernantes. Si motivamos en el ambiente la satisfacción por los muertos de alguna de las partes en el conflicto, si determinamos el nivel de triunfo o derrota por el nivel de perdidas humanas, estamos adoptando la violencia, aunque no estemos ahí. No se debe pensar en guerra cuando se quiere terminar una.

Probablemente a la segunda pregunta, para muchas personas la respuesta personal será instintivamente: sí, se piensa en solución violenta y no en noviolencia, y esto se debe a que estamos acostumbrados a que la solución sea así, bala contra bala, el que dispare más, el que apunte mejor, el que cause más daño.

La naturaleza de las fuerzas armadas se compone de la permisividad a la violencia; esta se ha vuelto institucionalizada a lo interno y en las relaciones internacionales, ya de por si hay quienes se ocupan de esto, entonces ¿dónde están los que se ocupan de lo contrario?

Debemos estar allá y aquí, en todos lados. Los civiles del mundo debemos estar accionando, pero no con armas, sino con noviolencia, construyendo la paz que la guerra está destruyendo. Si no se quiere la guerra en Ucrania o en nuestros países, se debe empezar por deslegitimarla desde nuestro propio pensamiento. No se trata de obviar o de huir y está muy lejos del mito del que no lucha es cobarde, porque tampoco se trata de quedarse y observar, sino de tomar acciones de otra forma no destructiva.

Ya muchas personas han dado ejemplo de lo que se puede hacer, las protestas dentro de Rusia contra los ataques a Ucrania: las multitudinarias marchas en diferentes países europeos, las presiones diplomáticas y comerciales de varios países, los llamados a la paz y sobre todo la solidaridad expresa en apoyo a la población afectada que huye y que busca refugio, las campañas digitales y demás medios de expresión, e incluso nuestras propias voces aunque parezcan no hacer mucho, son efectivas de diferentes formas. Si se desprecia la noviolencia se aprueba la guerra, aunque se diga lo contrario. La paz no tiene forma de misil ni de fusil, no se esparce con balas ni se fomenta con odio.

La guerra ya está y los daños cada día crecen más. Al final nadie ganará porque en las guerras todo el mundo pierde. Por eso desde lo individual y colectivo, debe haber apego a la conservación de la paz y a la construcción de la misma, en especial en estos momentos bélicos que es cuando más se necesita. Muchos no lo comprenden y no lo aceptan: en estos casos la violencia ya les alcanzó en su expansión por el mundo.

Es un asunto que, si se quiere ver de una forma más sencilla, se puede apelar mediante la lógica: el antónimo de la guerra es la paz. Los conflictos armados empiezan desde que se logra convencer a las personas que se debe actuar violentamente para alcanzar los objetivos o para legitimarlos, no surge de la noche a la mañana, es un proceso que se construye desde la aceptación de un pensamiento que de por medio contemple el daño a los demás, y crece hasta que ese pensamiento se ha dispersado tanto que se agrupa en forma de ejércitos, listos para atacar. Nadie nace soldado.

Que la violencia no se expanda, que la guerra llegue a su fin y que la paz triunfe en Rusia, Ucrania y el resto del mundo.

Elthon Rivera Cruz

Activista por los Derechos Humanos en materia estudiantil, libertad académica y autonomía universitaria en Nicaragua, estudiante de la Licenciatura en Ciencias Políticas. Victima de expulsión universitaria de la carrera de Medicina cuando cursaba el último año, por mecanismo de represalia política ligada su trabajo en defensa de derechos universitarios, actualmente finalizando estudios en dicha carrera. Fungió como presidente del movimiento Acción Universitaria durante el periodo de 2020-2021.

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