mayo 14, 2022

Ucrania y la nueva geopolítica del autoritarismo

La generación de nuestros abuelos creció bajo el temor infundado por el enfrentamiento indirecto entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. La guerra fría como tablero de ajedrez para los conflictos globales como la guerra de Vietnam, la guerra de Corea, la crisis de los misiles en Cuba y el temor de que alguno de los dos estados en conflicto tocara el botón nuclear.

El conflicto, formó parte del acontecer diario de los ciudadanos, así como también de la ansiedad mundial durante la segunda mitad del siglo XX.

Pero el mundo cambió y sigue cambiando. Nuestros padres vieron la caída del Muro de Berlín, cómo se derrumbó la Unión Soviética y luego, siendo muy pequeños, nosotros vimos la caída del Word Trade Center de Nueva York y, 2 años después, la caída de Bagdad en Irak.

Los conflictos no han dejado de formar parte del acontecer global, aun en medio de una pandemia que causó estragos durante todo 2020 y 2021, y que pareciese que estuviese dando un nuevo giro en la política global.

Euro Maidan

Era febrero de 2014 y millones de personas tomaban la plaza de la independencia en Kiev “Maidan nezalezhnosti”, en la Ex República Soviética de Ucrania. El presidente Víctor Yanukovich renunció el 22 de ese mes ante una gran movilización y el inminente comienzo de una guerra civil, a causa de la retirada de Ucrania de las negociaciones para acercarse más a la Unión Europea, sumado a las revueltas ya alrededor de Maidan entre noviembre de 2013 y enero de 2014.

Para algunos en Venezuela, con esperanza o ingenuidad, las fotografías de Maidan representaban un ejemplo para las movilizaciones y barricadas en el país luego de las protestas del 12 de febrero de este mismo año; y digo ingenuidad porque por un momento, nuestra conciencia colectiva, olvidaba la principal diferencia entre Ucrania y Venezuela.

Esa diferencia no solo era el idioma, ubicación geográfica, cultura e historia, sino también las profundas grietas y diferencias que existen entre un país que ha vivido dos guerras mundiales y la disolución de un Estado gigantesco, en comparación a un país latinoamericana que cuando la Unión de Republicas Socialistas Soviéticas (URSS) comenzaba a derrumbarse, aun era ejemplo de democracia para el mundo.

Las profundas grietas y divisiones, nos hicieron viajar al futuro: ya es 2022 y se cumplen ocho años de las protestas de Maidan, y Ucrania se encuentra en medio de una escalada de violencia y conflicto armado, trascendental para todo el mundo.

Ubicada en Europa del Este, entre la Federación Rusa de Vladimir Putin y la Unión Europea, junto a los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Ucrania se ha convertido en la disputa geopolítica más grande de Europa en los últimos 30 años, luego de la disolución de la ex Yugoslavia y el conflicto en Libia y Siria, y sus repercusiones en la oleada de migrantes del medio oriente a Europa.

Contexto 2022

No existen cifras exactas de cuántas tropas ha movilizado la Federación Rusa a la frontera con Ucrania, pero Estados Unidos y la Unión Europa hablaban de un aproximado de 100.000 soldados rusos hace unos días, quienes contaban con equipamiento militar que iba desde baterías antiaéreas hasta tanques y camiones blindados.

A estas estimaciones, el embajador de Rusia ante Naciones Unidas respondió con cierto sarcasmo: “¿De dónde han sacado el dato de que tenemos 100.000 soldados? Nunca hemos confirmado esa cifra”.

Mientras tanto, Vladimir Putin intensifica su liderazgo en la región Euroasiática luego de haber enviado tropas de apoyo a través de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) a Kazajistán, el pasado mes de enero, con el objetivo de contener un posible alzamiento militar durante las protestas por corrupción contra el gobierno autoritario de Kasim-Yomart Tokáyev, el cual es un fiel aliado de Rusia.

Esto último se suma a la movilización de tropas rusas dentro del territorio bielorruso bajo la complacencia del líder autoritario Aleksander Lukashenko, quienes un aliado íntimo del Kremlim, y sus ejes de acción en Asia y América Latina, como Irán, Cuba y Venezuela.

Geopolítica del autoritarismo vs. El multilateralismo democrático debilitado

En enero de 2021, un nuevo presidente tomaba posesión en la Casa Blanca: Joe Biden, ex vicepresidente de los Estados Unidos durante la administración de Barack Obama (2008-2016), quienes es un político de carrera del Partido Democrático y fiel representante de la clase política liberal de los Estados Unidos, en la cual lo acompañan personajes como Hillary Clinton y John Kerry.

Biden ha prometido devolver a Estados Unidos a la participación global en medio de los conflictos y prioridades que tiene el mundo durante la pandemia por Covid-19. Todo esto, con el objetivo de reestablecer las políticas multilaterales de Obama y, por lo tanto, desmantelar parte del entramado político que había construido Donald Trump, quien aseguró que había reemplazado la política multilateral de Obama.

Para diversos expertos en la materia, acciones como reducir el presupuesto de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la organización de Naciones Unidas para la Ciencia, Educación y Cultura (UNESCO) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), representaban un retroceso de Estados Unidos frente a la reciente expansión de Rusia y la República Popular China,  cuyo gobierno liderado por Xi Jinping, toma cada vez más participación y partido dentro de las negociaciones globales, como amplio colaborador y contribuyente del multilateralismo global, al nivel de que el historiador y filósofo Yuval Harari, llamara a Xi Jinping “El heredero de la política Obama” en su obra de 2016: 21 lecciones para el siglo XXI.

Ahora, bien ¿qué tiene que ver todo esto con Ucrania?

Lo primero en mencionar, es que Trump se acercó a la figura de Vladimir Putin; de hecho, aún existe una controversia porque el Partido Demócrata acusa al gobierno ruso de haber hecho un cyber ataque a las elecciones de 2016, con el objetivo de beneficiar a Donald Trump en la carrera presidencial y debilitar a la clase política tradicional de los Estados Unidos, que venía con una política mucho más confrontativa hacia Rusia.

Esta misma política de Donald Trump hacia los organismos internacionales, y su cierta relación con algunos personajes como Putin, es por lo que algunos lo señalan como uno de los culpables de la pérdida de protagonismo de Estados Unidos, frente a su verdadera competencia: la República Popular China.

Y a pesar de que China no está directamente involucrada en el conflicto de Ucrania, no deja de ser cierto que la potencia asiática es más cercana a Rusia que a los mismos Estados Unidos, cuando de geopolítica se trata. Sobre todo, cuando China asoma cada vez más, sus pretensiones autoritarias e intervencionista sobre Hong Kong y la isla de Taiwán, una política no distante de las posibles acciones de Putin sobre Ucrania.

Finalmente, la nueva posición política de Biden y la visión que existe de Putin dentro de la clase política estadounidense, sumado a las recientes acciones de Rusia, hacen que el conflicto se exacerbe mucho más entre ambos países, pero esta vez, con una Rusia aparentemente más decidida a la hora de actuar por encima de Estados Unidos.

Este eje que representan Rusia, China y aliados como Irán, pareciesen que representaran la denominada “geopolítica del autoritarismo”: un grupo de países con gobiernos y Estados pro autoritarios, donde no son respetados los derechos humanos, la libertad de expresión y donde existen graves violaciones a los derechos civiles y políticos; y que además de eso, están expandiendo su influencia a nivel global a través de una política exterior mucho más participativa y pro activa en los asuntos globales, que la política exterior de Estados Unidos durante los últimos cuatro años.

Esta geopolítica va acompañada de acuerdos de cooperación militar, comercial e industrial; pero ahora esta geopolítica también incluye a las vacunas contra el Covid-19, lo cual no está de más mencionar que las vacunas Sputnik, Sinopharm y Sinovac, lideran las cifras de dosis puestas a nivel mundial. De hecho, uno de los países que abarca los cuatro acuerdos ya mencionados anteriormente (militar, industrial, comercial y de vacunas) es Venezuela, el cual expande sus acuerdos militares con Rusia, comerciales e industriales con China e Irán, y en materia de vacunas con Rusia y China al mismo tiempo.

Volvamos a Ucrania, o lo que queda de ella

Es indispensable mencionar las incursiones militares que anteceden a esta movilización de tropas rusas a la frontera con Ucrania.

En 2014, luego de la renuncia de Yunocovich a la presidencia de Ucrania, comenzó un conflicto en la zona de Donbas y Crimea, entre los sectores del nuevo gobierno y la oposición pro rusa, llevando al país a una guerra civil que ha cobrado la vida de más de 14.000 personas entre civiles y combatientes, y la anexión del territorio de Crimea por parte de Rusia.

Es importante señalar las similitudes y nexos históricos que existen entre Rusia y Ucrania, que van más allá de ser antiguas repúblicas socialistas soviéticas. Por ejemplo, hay zonas de Ucrania oriental o Ucrania del este, donde se habla mayoritariamente el idioma ruso a diferencia del ucraniano, lo cual genera más empatía entre los ciudadanos de estas zonas con Rusia que, con su propio país, Ucrania.

Esto se debe, entre otras razones, a que la península de Crimea (zona anexada por Rusia en 2014), anteriormente perteneciera al país siberiano, y fuese devuelta a Ucrania por un reclamo histórico durante la administración de Nikita Krushev, como una muestra de pleitesía hacia los ucranianos, a pesar de que la zona seguía siendo administrada por el poder en Moscú, al ser una zona de control soviético como todas las repúblicas miembros de la Unión Soviética.

De manera que la inestabilidad política, la presencia de grupos y milicias pro rusas armadas y equipadas por la Federación Rusa, dentro del territorio este de ucrania en conflicto, sirvieron la mesa para que finalmente Rusia interviniera en Ucrania y anexara este territorio ucraniano a la Federación Rusa, con apoyo militar y apoyo popular bajo la realización de un plebiscito de autodeterminación de Crimea.

Para el resto de los ucranianos y el gobierno central en Kiev, esto sigue representando una violación al Derecho Internacional Público y representa uno de los mayores puntos de discusión dentro del conflicto.

¿Por qué Rusia quiere controlar a Ucrania?

Luego de la caída del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética, los países resultantes del conflicto, acordaron que la naciente Unión Europea y la OTAN no se extenderían al Este, para no causar inquietudes en Rusia; por su parte, Rusia no influenciaría más a sus países vecinos y estos se consagrarían como democracias liberales, iguales a sus pares de Europa occidental.

Sin embargo, 30 años después esto no ha sido así.

Para los ucranianos y su gobierno actual, la meta es formar parte de la Unión Europea y la alianza del atlántico norte, conocido como OTAN. Por su parte, la Unión Europea no ha cerrado las posibilidades de que en un futuro Ucrania pueda formar parte de la Unión, y el tratado militar que rige entre varios países de Europa occidental y norte américa, como lo es la OTAN.

Esta idea  no le agrada en lo absoluto a Rusia, quien además de tener pretensiones autoritarias en la zona, se excusa en la inseguridad que representa para Rusia, tener posibles misiles y bases militares de la OTAN o Estados Unidos a pocos kilómetros de su territorio.

De manera que, esta es la base de la discusión sobre Ucrania. La presencia militar o acuerdos económicos que pueda haber entre el país europeo con sus antiguos aliados soviéticos o una nueva mirada hacia la democracia liberal que impera en Europa del Este y los Estados Unidos.

Las últimas horas

El posible conflicto en Ucrania sigue sin una resolución concreta y la escalada del conflicto sigue creciendo. Por un lado, Rusia sigue intensificando su presencia en la frontera ruso-ucraniana y en las zonas ocupadas por Rusia desde 2014, al mismo tiempo que los países miembros de la OTAN como Estados Unidos, España y Reino Unido, envían tropas de apoyo y refuerzo al mar báltico cerca de Ucrania y la península de Crimea. Por otro lado, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Anthony Blicken, se reunió con su par ruso, el Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov.

Hasta ahora, las negociaciones no parecen avanzar, y otros países como Alemania se presentan como mediadores en medio de un posible conflicto que ningún país quiere que ocurra; ninguno excepto Rusia que parece no dar marcha atrás, hasta conseguir sus objetivos de mantener el control sobre Ucrania.

Gabriel Cabrera

Gabriel Cabrera es presidente de la Federación Nacional de Estudiantes de Derecho, líder estudiantil y activista de derechos humanos

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