mayo 13, 2022

De la caída del Muro de Berlín al concierto de Los Mesoneros en Caracas

“La libertad de la música rock se entendió como la libertad del hombre, por tanto, también como libertad de reflexión filosófica y política, como libertad de la literatura, como libertad de expresar y de sostener los intereses políticos y sociales más dispares de la colectividad. Se despertó en las personas un verdadero sentido de solidaridad y cayeron en la cuenta de que no defender la libertad de los demás —aunque fueran ajenos a la propia formación y al sentido de la vida propio— significaba renunciar voluntariamente también a la propia libertad”

Václav Havel, El poder de los sin poder

Decía Václav Havel en su obra “El poder de los sin poder”, que los grandes cambios ocurridos en Europa del Este a finales de la década de 1980 y principios de 1990, poco tenían que ver con una motivación política; mucho menos con la motivación de apoyar a grupos políticos.

Havel explicaba que la motivación de aquellos jóvenes era cercana a una banda de rock, no a meras intenciones políticas.

En la República Democrática de Alemania (Alemania Oriental), los jóvenes de ese lado del muro de acero sembrado por la Unión Soviética y el autoritarismo de sus países satélites como Checoslovaquia, Polonia y Rumania, eran motivados por cosas sencillas o por beneficios básicos. Havel lo llamaba “vivir en la verdad”.

“Los jóvenes desconocidos que no querían más que vivir en la verdad: tocar la música que les gustaba, cantar lo que realmente vivían y vivir en libertad, dignidad y fraternidad. Eran unas personas, sin pasado político, no unos políticos consumados en una oposición con ciertas ambiciones ni unos ex políticos echados fuera de las estructuras del poder”.

En resumidas cuentas, “vivir en la verdad”, no es más que poder disfrutar de su juventud, desarrollarse en sociedad, escuchar la música que más les gusta con sus amigos o pareja. En fin, poder vivir en libertad y tomar sus propias decisiones. Y aunque esto parezca una reflexión un tanto banal o artificial para algunos: ¿Para qué es la libertad? ¿Cuál es el fin último de la libertad, si no es la razón pura y fundamental del ser humano? Desarrollarse, crecer en libertad, tomar sus propias decisiones y forjar su propio futuro.

Cuando lo entendemos de esa manera, no nos parece extraño el gran revuelo que puede causar un concierto, una banda o un presunto café de Starbucks, en una sociedad como la venezolano que, en su mayoría, lleva años aislada del mundo exterior, segregada del comercio, la economía global y por supuesto la globalización de las cosas; y que hoy a duras penas, trata de sobrevivir y respirar en medio de las pocas concesiones que cede la burocracia autoritaria, como el hecho de permitir que fluyan las divisas extranjeras en el país, siendo el caso del dólar, en medio de una perestroika económica sin ceder en el control político y autoritario del Estado.

Después de todo, no hay que olvidar que las personas en la Alemania Oriental cruzaban el muro para probar un sorbo de Coca-Cola.

Y con estas líneas no se pretende minimizar o menospreciar las razones por las que millones de venezolanos han huido del país, como la Emergencia Humanitaria Compleja, la persecución política y la grave crisis económica y social. De eso somos conscientes y lo vivimos quienes estamos dentro del país e incluso quienes ya están en otras fronteras.

Pero la mayoría no hemos dejado de luchar y reinventarnos, ya sea en espacios políticos, en el trabajo, en las escuelas y universidades, o cualquiera que sea el espacio donde nos desarrollemos de forma cívica. Siempre aspiramos a más. Y esta es la razón pura de la libertad. Todos queremos desarrollarnos y vivir en la verdad. Poder escuchar la música que nos gusta, poder vestir como queramos y expresar libremente nuestros pensamientos, sin tener miedo a represalias o a que nos impongan otro modelo de pensamiento, único y autoritario.

He ahí el punto clave al cual nos lleva Václav Havel en su obra sobre la libertad y los jóvenes de aquella Europa del Este, cuyas reflexiones no parecen estar alejadas de nuestra sociedad actual; solo que esta vez en el escenario está un régimen tropicalizado en el Caribe.

Lograr vivir en la verdad

Sobre la Primavera de Praga en el comienzo y final de los regímenes autoritarios de Europa del este, Havel resalta cómo este evento se tradujo en el choque de dos grupos o sectores en el plano real del poder.

Por un lado, quienes pretendían mantener el sistema tal y como estaba, sin cambios en su estructura o forma de actuar; y por otro lado quienes querían reformar ese sistema.

Havel nos invita a no reducir nuestra valoración a dos simples hechos o movimientos dentro de la estructura del poder, sino más bien nos recuerda que estos hechos no representan una línea de tiempo horizontal, si no que forman parte del conglomerado de representaciones sociales, dramas y experiencias vividas dentro de la conciencia colectiva de la sociedad.

También señala que en medio del conflicto y el drama social, hay quienes incluso en los momentos más difíciles, también lograron vivir en la verdad, manifestarse y ser conscientes del proceso en el cual cohabitaban y qué podían hacer para romper con la intención autoritaria, de la mentira sobre la verdad.

Esto quiere decir, que hasta en los regímenes autoritarios más opresivos y totalitarios, existen personas y sobre todo jóvenes, quienes han sido capaces de vivir en la verdad, de mantener su espíritu en lo que desean y aspiran a ser. Como el hecho de protestar por causas como el cambio climático, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres o el querer promover distintas formas de vivir, de creencias, de música, cultura, estudios, arte, deporte. En fin, de ideas de la sociedad global, libre y universal.

“Estos hombres no disponían del poder real ni aspiraban a él: el ámbito de su ‘vida en la verdad’ no podía ni siquiera, por tanto, ser la reflexión política; podían ser poetas, artistas, músicos; no es necesario que fueran genios, sino simples ciudadanos que lograban mantener su dignidad humana. Naturalmente es difícil hoy llegar a descubrir cuándo y a través de qué misteriosos y tortuosos senderos aquel gesto o aquel comportamiento de verdad incidieron en algunos ambientes y cómo poco a poco el virus de la verdad atacó el tejido de la ‘vida en la mentira’ y lo devoró. Una cosa sin embargo parece clara: el intento de una reforma política no fue la causa del despertar de la sociedad, sino su resultado último”.

Conciertos de bandas venezolanas en Caracas

Hoy en día pareciera que, incluso en pandemia, estamos frente al renacer de gran parte de la movida cultura y alternativa que caracterizó hace algunos años a la juventud venezolana, sobre todo en aquella que se congregaba alrededor de las universidades y el espíritu rebelde e irreverente del movimiento estudiantil universitario.

Ese movimiento cultural que fue musicalizado por las bandas de rock alternativo venezolanas, de jóvenes entre 18 a 30 años, que no dudaron en alzar la voz por la injusticia y los derechos humanos en medio de protestas, conciertos promovidos por organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil organizada.

Algunas de esas bandas, se convirtieron en mis músicos favoritos y en gran parte de las bandas favoritas de mi generación. Los Mesoneros, La Vida Boheme, Vinilo versus, Americana, Rawayana, Tomates Fritos, Famasloop; otros más de los 90´ como Desorden Público; y otros más Generación Z como Anakena y Retrovisor.

Todos colaboraron en su momento con acciones de protesta del Movimiento estudiantil, Un Mundo Sin Mordaza, Amnistía, Música x Medicinas, o simplemente como también eran jóvenes que no estaban ausentes de la situación país, expresaban en su música, la realidad que vivían y aun padecen la mayoría de los jóvenes venezolanos.

La migración, la inseguridad, la represión y la crisis universitaria fueron el foco de muchas de estas canciones de bandas venezolanas.

Aún recuerdo perfectamente los conciertos de La Vida Boheme donde todos gritaban “falsa revolución”, haciendo alusión al chavismo en una de sus canciones más famosas; o también en los toques de Viniloversus donde “Ares no dispares” se convirtió en el símbolo de protesta de toda una generación contra la inseguridad en Venezuela.

Y cuando han vuelto los conciertos en Caracas, con miles de jóvenes universitarios que se niegan a vivir en la mentira y se aferran a vivir en la verdad, a escuchar la música que les gusta, a vestir como quieren y a no rendirse ante el nuevo status quo de desidia que pretende imponer el autoritarismo en Venezuela, vale mucho las reflexionas de Havel. Muchísimo.

Porque estos jóvenes no solamente están ahí para escuchar la música que les gusta. Están ahí para expresarse libremente, para no dejarse vencer y que su juventud sea consumada por un sistema que les quita oportunidades de trabajo, de estudiar, de emprender y desarrollarse en el país donde nacieron.

Son jóvenes como yo,  que canté “Pangea” a todo pulmón pensando en alguien que emigró y “Sol rojo” pensando en el país por el cual lucho a diario con mucha pasión junto a mis amigos.

Nuestro Arte, Nuestra arma

I.P.O.S.T.E.L, La Vida Boheme

Gabriel Cabrera

Gabriel Cabrera es presidente de la Federación Nacional de Estudiantes de Derecho, líder estudiantil y activista de derechos humanos

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