febrero 19, 2024

¿Tiene límites la libertad de expresión?

¿Bromear sobre un niño de tres años ahogado en las playas de Turquía puede hacerle gracia a alguien?

Seguramente a la mayoría no. Pero así es Charlie Hebdo. Su espíritu se basa en una filosofía que insiste en que el humor no tiene tabús. Así se han sostenido como una de las revistas satíricas más importantes de Francia y Europa.

Esa misma filosofía es la que los inspiró a hacer caricaturas del profeta Mahoma, incluso bajo amenazas; incluso después de recibir ataques incendiarios. El final –si es que hubo un final– fue trágico: 12 de sus trabajadores, incluyendo su editor, murieron en un atentado ejecutado por yihadistas en enero de 2015.

“¿Qué hubiera sido del pequeño Aylan si hubiera crecido? Acosador de mujeres en Alemania”, se podía leer en la portada en la que caricaturizaron al pequeño que se ahogó, convirtiéndose en icono del drama de los refugiados.

Foto: Archivo web.

Muchas de las personas que mostraron apoyo hacia la revista tras el atentado del 2015, se sintieron ofendidos con la caricatura de Aylan, aunque en su momento sostenían que había que defender la libertad de expresión a toda costa.  

En las redes sociales algunos usuarios hicieron publicaciones con la etiqueta #JeNeSuisPasCharlie (Yo no soy Charlie), haciendo contraparte al “Je suis Charlie” (Yo soy Charlie) que se utilizó después del asesinato de los periodistas que se burlaron de Mahoma.

Elio Casale cree que aunque la libertad de expresión “es nada más y nada menos que un derecho humano”, existe un problema: no vivimos solos en el mundo. Y muchas veces, sostiene, las cosas que las personas dicen pueden lesionar los derechos de terceros.

“Ahí es donde entran los límites que impone la ley, al menos en una sociedad donde se viva en un Estado de Derecho”, dice Casale, fundador de El Chigüire Bipolar, en entrevista para Hilos de América. “En un mundo ideal, donde se respete al Derecho, existe toda una serie de limitaciones que nos hemos impuesto como sociedad; por ejemplo, leyes contra la difamación, leyes que protegen la privacidad, a los niños, los límites de la moralidad y las buenas costumbres, los secretos industriales, de gobiernos, etcétera. Es una lista larga. Ojo, ahí es donde se traza la línea: tú puedes cruzarla si quieres; de poder, puedes, estás en tu derecho; pero ahí más te vale estar consciente de las repercusiones que pueden tener tus palabras, y también puede ser útil el teléfono de un buen abogado”.

Joaquín Ortega, politólogo y profesor universitario, opina que la libertad de expresión tiene que ver mucho con la madurez de las sociedades.

“En países o culturas poco dadas a la autorreflexión es en donde más molesta una opinión, un chiste o un comentario satírico o de doble sentido”, argumenta para Hilos de América el académico que cree que la libertad de expresión “trae más beneficios que dificultades” y que cuando se ejerce en democracia resuelve muchos problemas civiles.

En el marco del juicio contra 14 individuos acusados de estar involucrados en una serie de ataques terroristas perpetrados en Francia, incluido el registrado contra Charlie Hebdo, el periodista italiano Giulio Meotti publicó un durísimo artículo en el que sostenía que “las democracias occidentales han pagado muy caro el derecho a la libertad de expresión” que, según él, “si no se ejerce y protege, puede desaparecer de la noche a la mañana”.

En dicho texto, Meotti, experto en temas de Oriente Medio y judíos, catalogó como “valerosa” la decisión de Charlie Hedbo de publicar de nuevo las viñetas de Mahoma que provocaron el atentado terrorista. “Es el último y único magacín europeo dispuesto a defender la libertad de expresión”, escribió.

¿Qué pasaría si desapareciera esta revista?

En el documental Je suis Charlie, la filósofa francesa Elizabeth Badinter dice: “Si nuestros colegas en el debate público no se exponen, los bárbaros ganarán”.

Por su parte, Casale también responde a esta pregunta: “Sería una pérdida triste; porque por más que sea son ventanas, son vitrinas que dan cabida a otras voces. Manejan un humor muy crudo, muy de shock, que seguramente ofenderá siempre a alguien; pero si a ti no te gusta, no lo consumas. Pero por lo menos están ahí para quienes sí disfrutan de su contenido”.

Las opiniones incómodas son fundamentales en la democracia.

Para Joaquín Ortega, “reducen los niveles de abuso de las jerarquías públicas o privadas”, mientras que las caricaturas “sirven para bajar de su pedestal a los poderosos, para darle una vuelta a una situación incómoda y para darnos un respiro humanos ante las tragedias o realidades imposibles de transformar por la mera voluntad”.

Pero una caricatura, en países como Francia, puede costarte la vida y no hay que mirar tan atrás para saberlo: en octubre de este año el profesor Samuel Paty fue decapitado luego de enseñar una caricatura de Mahoma en una clase sobre libertad de expresión. El asesino, un joven checheno de 18 años, gritó “Allahu Akbar” (Dios es el más grande) antes de matarlo.

Elio Casale argumenta que las caricaturas incómodas buscan causar primero un “shock” en la audiencia “y luego de la sacudida inicial es que intenta lograr la catarsis por medio de la risa”.

“Si se quiere, es un humor que requiere una manipulación más fina —y a la vez más riesgosa— de la audiencia; es muy fácil que caiga mal, porque bueno, te impacta de entrada y no a todo el mundo le puede caer bien esto”, añade.

Desde El Chigüire Bipolar, el portal de sátira política más importante de Venezuela, el cual ganó el Premio Internacional Václav Havel por su disidencia creativa, Casale y sus compañeros han recibido ataques de actores vinculados al régimen venezolano aunque, “sorprendemente”, han sido muy pocas veces.

“Hace tiempo un conductor de un filoso programa de la tele oficial consiguió nuestros nombres —me imagino que le habrán enseñado a usar Google, estaría orgulloso de su gran ‘hallazgo’— y nos dedicó amor durante toda una semana, señalándonos de ‘mariquitos’, ‘drogos’ y ‘sifrinos’ e insinuando que probablemente pronto se nos borraría a todos la sonrisa de la cara”, cuenta.

“Aparte de ese episodio en particular, algunos tuits de anónimos nada grave. Eso no nos exime de que seamos prudentes, porque sabemos cómo es la gente que gobierna en el país; sabemos adónde estamos parados, y sabemos adónde no queremos estar. Hemos ido aprendiendo de nuestros errores para tratar de minimizar los riesgos. Siempre estará el riesgo ahí, pero uno aprende a vivir con eso”, sentencia.

Ortega, quien fue libretista de la Radio Rochela, el programa de humor televisivo más importante de la historia de Venezuela, afirma que una ley de censura en el país “mató la libertad antes de que el chavismo terminara de fortalecer su músculo totalitario”.

“Los chistes de Radio Rochela eran populares, por lo tanto masivos. Hoy en día el humor es más limitado en tanto a temáticas como en públicos. Es una realidad que el humor se ‘sifrinizó’, dejando a las grandes masas sometidas al humor político oficial que no es más que una mezcla de calumnias y pases de facturas ante todo lo que no sea la línea del gobierno”, lamenta. “Con ese supuesto humor sufren los televidentes (de cualquier bando) que son pisados por el gobierno y de paso humillados al aire por espacios con ningún tipo de interés por la reflexión o la risa sana”.

El asesinato de Paty y otros sucesos provocaron que el gobierno francés presentara este 9 de diciembre un proyecto de ley para luchar contra el “islamismo radical”, que pretende estrechar el control sobre los lugares de culto y prohibir algunas prácticas “incompatibles” con los valores de Francia.

En el quinto aniversario de la matanza de Charlie Hebdo, el escritor Pascal Bruckner se manifestó indignado por el retroceso que había sufrido la libertad de expresión: “Me da la impresión de que nuestro sistema inmunitario ha colapsado y el islamismo ha triunfado. Sus principales exigencias han sido satisfechas: ya nadie se atreve a publicar caricaturas de Mahoma”.

En esa misma línea, Giulio Meotti escribió: “La autocensura preventiva y la retirada estratégica ante la furia islamista son una regresión formidable. Con el espíritu de Charlie en retirada en Francia y la cultura de la cancelación ganando terreno en Estados Unidos, parece que es la libertad de expresión la que está siendo llevada ante los tribunales, en vez de quienes la están matando y sus tontos útiles”.

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Braulio Polanco

Braulio Polanco es periodista y editor fundador de Hilos de América. Sus artículos han sido publicados en diversos medios de comunicación como Caracas Chronicles, Diario La Verdad, Diario Tal Cual, Radio Fe y Alegría Noticias, Revista OJO y Revista SIC.

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