junio 25, 2024

Jóvenes contra el poder: apuntes sobre Hong Kong y Venezuela

“Estos hombres no disponían del poder real ni aspiraban a él: el ámbito de su vida en la verdad no podía ni siquiera, por tanto, ser la reflexión política; podían ser poetas, artistas, músicos, no es necesario que fueran genios, sino simples ciudadanos que lograban mantener su dignidad humana”.

Vaclav Havel, El poder de los sin poder

La historia de la humanidad y la civilización nos ha enseñado que muchos de los que luchan por una causa en contextos políticos complejos, suelen dejar atrás aspiraciones inmediatas y personales para concentrarse en ese objetivo final, casi siempre practicando una desobediencia necesaria a los status quo gobernantes y autoritarios.

Las conquistas, cruzadas, guerras y la emancipación de América, nos muestran cómo la desobediencia impulsó la lucha de grandes movimientos armados, cuyo objetivo final era la toma del poder político, pues solo desde allí se podrían ejecutar los cambios que consideraban necesarios.

Pero ya avanzado el siglo XX y con la entrada del siglo XXI, los movimientos sociales pacíficos tomaron el protagonismo.

Cuando observamos casos como Uganda, luego de los hechos de 1994, los movimientos democráticos en Hong Kong desde 2013, el movimiento por el cambio climático en Europa y los movimientos sociales en América Latina, notamos que existe una particularidad: los mecanismos regulares de política no representan un enclave necesario pues, bajo el contexto de desobediencia civil, se asume que esos mecanismos regulares de política no existen o se encuentran secuestrados bajo un sistema político autoritario, represivo o de segregación racial y política, como fue el caso del Apartheid en Sudáfrica.

De manera que bajo estas circunstancias, con la desobediencia civil y el nacimiento de liderazgos -muchos de ellos jóvenes- representativos de la sociedad civil o sectores oprimidos, se erige el nuevo liderazgo político, como una alternativa más fresca y no ligada directamente a los procedimientos de los sistemas políticos actuales de las diferentes naciones en conflicto, siempre persiguiendo un fin último: la obtención del poder político formal.

HONG KONG

Disturbios en el distrito de Wan Chai, en Hong Kong. Foto: ANTHONY KWAN – GETTY.

Durante los últimos 6 años, un grupo de jóvenes de secundaria de la bahía de Hong Kong han sido noticia en todo el mundo: en 2012 comenzaron una pequeña campaña en defensa de la educación libre y universal, luego que el gobierno central de China anunciara que implementaría el sistema de educación nacional a todas las escuelas del régimen especial de Hong Kong.

El sistema de educación nacional es el modelo educativo que aplica China a todos los institutos de educación media en el país, el cual ha sido denunciado por las organizaciones estudiantiles de Hong Kong por considerar que tiene un pensum educativo doctrinario, que pretende incluir la ideología política del régimen comunista a niños y jóvenes.

Este grupo de estudiantes, que se hacen llamar “Escolarismo”, protesta por la no implementación del sistema educativo en Hong Kong y defiende la libertad académica en las escuelas. El grupo comenzó con tres jóvenes y en dos años cobró una gran relevancia mediática, especialmente con las declaraciones de su fundador Joshua Wong, quien junto a Derek Lam y Nathan Lam comenzaron una huelga en 2014, que llevó al gobierno local de Hong Kong a declinar su decisión de implementar el régimen de educación nacional de forma absoluta en las escuelas. Así se logró en ese momento que el pensum educativo chino lo adoptaran aquellas escuelas que así lo desearan.

Esta lucha causó impacto en los habitantes de Hong Kong. También llamó la atención de profesores y otros movimientos sociales de la ciudad que llevaban una lucha por reivindicaciones similares; en una de ellas se pedía justicia por la famosa masacre de la plaza de Tiannamen en 1989.

El gran movimiento de lucha no violenta y desobediencia civil posicionó a los jóvenes de Hong Kong en todos los noticieros al nivel mundial y así nació la famosa “Revolución de los paraguas”: un movimiento de protestas liderado por profesores y estudiantes de Hong Kong contra la intervención de China en los asuntos internos del régimen especial.

Miles de personas tomaron las calles y la denominada plaza cívica de Hong Kong, frente a los edificios sede del gobierno local, desde donde acamparon y tomaron los paraguas como símbolo, al ver que los jóvenes los utilizaban como escudo de defensa contra las bombas lacrimógenas que utilizó la policía contra los manifestantes.

Este movimiento sin duda representó uno de los ejemplos de lucha no violenta y desobediencia civil más importantes de la última década; a partir de allí ha comenzado una incansable lucha contra las pretensiones de China de acabar con la regulación «Un país, dos sistemas», acordada con el Reino Unido en 1997, para así unir a Hong Kong al sistema político comunista chino.

Hong Kong, 17/11/2019. Foto: FAZRY ISMAIL – EFE.

Pero, ¿cómo se obtiene del poder político a partir de estas acciones?

Lo primero que se debe entender es que la obtención del poder político en estos complejos contextos no se traduce de inmediato en la obtención de un puesto en las instituciones del Estado o la elección de algún cargo popular, como en cualquier democracia. Se traduce más bien en la capacidad de influir en las decisiones políticas y en el crecimiento del liderazgo político en cualquier escenario.

La mayoría de los casos donde la desobediencia civil es decisiva para presionar el sistema político, es donde el sistema no incluye la participación de la sociedad civil en sus decisiones, ya sea de forma legal o de facto. Por ello, los mejores ejemplos serían Rusia, China y Hong Kong, sumando a los países cuyos sistemas cambiaron durante la Primavera Árabe en el Medio Oriente y, por supuesto, Venezuela.

En Hong Kong, la participación en el movimiento de desobediencia civil dio la oportunidad a jóvenes como Joshua Wong, Derek Lam y Natham Lam, de convertirse en líderes de un proceso político democrático que hoy en día da grandes pasos en su lucha de no permitir que China acabe con el sistema liberal de Hong Kong, a través de leyes arbitrarias, como la ley de extradición a China que ha sido el principal detonante de las protestas desde 2019.

Joshua Wong da declaraciones a los medios de comunicación a finales de octubre de 2019. Foto: AP.

En 2020 el movimiento “Escolarismo” se convirtió en un partido político llamado “Democipos”, el cual llevó al joven Natham Lam a ganar las elecciones parlamentarias, quien cumplía con la edad necesaria para aquel entonces y se postuló a la elección obteniendo un escaño en el parlamento de Hong Kong.

Este año se presentarían nuevas elecciones y el líder más joven, Joshua Wong, aspiraba a participar, aun sabiendo las altas posibilidades de que el gobierno chino inhabilitara su candidatura, pero el gobierno aplazó por un año los comicios en medio de la pandemia por la COVID-19.

VENEZUELA

Venezuela y Hong Kong tienen similitudes en las experiencias de los movimientos estudiantiles y la desobediencia civil como método de protesta no violenta, con importantes manifestaciones contra el régimen de Nicolás Maduro en 2014, pero con mayor hincapié en 2017 y durante los últimos dos años.

Protestas en Caracas contra el régimen de Nicolás Maduro, 26 julio de 2017. Foto: Carlos Garcia Rawlins- REUTERS.

El deterioro de la democracia y la recesión económica en Venezuela lleva décadas y se viene presentando incluso antes de la llegada a la presidencia de Hugo Chávez en 1998.

Sin embargo, la crisis política, social, económica y hasta ambiental de Venezuela, comenzó su alza hacia el autoritarismo bajo el mandato de Nicolás Maduro: primero con un proceso parcialmente democrático luego del deceso de Hugo Chávez; y desde 2018 como un régimen de facto, según la comunidad internacional y el parlamento venezolano de mayoría opositora.

La grave crisis ha afectado a todos los sectores de la sociedad civil y la ciudadanía en general: más del 86% de la población del país se encuentra bajo el margen de la pobreza, según cifras de la Asamblea Nacional, Naciones Unidas y el Banco Interamericano de Desarrollo.

Y quizás uno de los sectores que se ha visto más afectado por las políticas del régimen venezolano son los jóvenes y estudiantes de Venezuela. Nada más hay que echar un vistazo al contexto: un joven estudiante como yo, que egresó de secundaria en 2015, tuvo que vivir en aquel momento a un país convulsionado por protestas y elecciones parlamentarias; luego, en mi carrera universitaria, fui protagonista de las protestas de 2017, donde más de 170 venezolanos fueron asesinados por grupos irregulares y fuerzas de seguridad del Estado venezolano.

Pero como en Hong Kong, aunque los jóvenes venezolanos han sido reprimidos y perseguidos, siguen manteniendo viva la llama y la lucha de la ciudadanía.

Protestas en Valencia, Carabobo. Foto tomada de la cuenta de Flickr de Marco Hernández.

El régimen venezolano no solamente ha asfixiado presupuestariamente a las universidades del país, cerrando la posibilidad de desarrollar investigaciones y generar patentes, sino que también generó una política de criminalización de la protesta estudiantil y persecución contra los líderes jóvenes de Venezuela.

No solamente estudiantes si no también jóvenes defensores de derechos humanos, líderes sociales y comunitarios, indígenas y, por supuesto, representantes políticos juveniles de los partidos políticos, recientemente ilegalizados por el régimen.

A partir de esto, la desobediencia civil y la toma del liderazgo por parte de los jóvenes, los llevaron a obtener posiciones de liderazgo, hasta conseguir que sus voces fueran escuchadas ante organismos internacionales como Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos.

Vale entonces reflexionar y destacar que, en medio de la euforia colectiva encaminada contra el régimen político que concluyó en las protestas de 2017 y las protestas venideras, se erigió el liderazgo estudiantil y político de algunos jóvenes de mi generación.

Entre el 2016 y 2017 se dio un proceso de autorreflexión dentro de la sociedad venezolana, donde finalmente la gran mayoría de los venezolanos entendió que si Maduro inhabilitaba la posibilidad de un referéndum revocatorio e impedía el proceso legislativo de la Asamblea Nacional, el país se encontraba efectivamente al frente de una dictadura y de un régimen híbrido, como se había entendido durante años anteriores; que esta vez tomaba la apariencia de un régimen autoritario con vías al totalitarismo.

El 2017 representó una ruptura entre los liderazgos convencionales y tradicionales del país que apostaban a las elecciones sin condiciones ni garantías como salida, frente a los jóvenes tanto estudiantes como representantes políticos e incluso algunos diputados, que entendimos que solamente a través de la presión interna y externa, saldremos del régimen dictatorial.

Ese año los estudiantes no dudamos en volcarnos a las calles en medio de una estrategia significativa de lucha no violenta para presionar a Maduro, lo que obtuvo un pronunciamiento internacional generalizado sobre la grave crisis de derechos humanos que vive Venezuela por la represión de las fuerzas de seguridad de la dictadura.

Pero no todo estaba dicho.

Mientras muchos estudiantes y las fuerzas democráticas pujábamos la desobediencia civil como respuesta a la represión política, policial y militar, algunos representantes de la disidencia apostaron erróneamente al diálogo sin condiciones y las elecciones sin garantías.

La estrategia cambió cuando la lucha se recuperó en 2019 bajo el liderazgo del joven Juan Guaidó, quien asumió como presidente encargado y fue reconocido por más de 50 naciones.

Entre el 2016 y 2018, el activismo estudiantil me llevó a conducir las protestas no violentas y el movimiento de desobediencia civil en mi ciudad y junto a jóvenes de todas las ciudades. Más tarde, a mediados del año 2019, me lancé como candidato a la Presidencia de la Federación Nacional de Estudiantes de Derecho del país y obtuve el triunfo que hoy me pone en una posición de liderazgo político para el sector estudiantil.

Pero es imposible entender el triunfo político de estos movimientos contra el régimen de Maduro, sin analizar el liderazgo de la sociedad civil y los jóvenes durante las protestas en Venezuela.

Yo, como muchos otros jóvenes, experimenté las detenciones arbitrarias y la persecución en dos oportunidades. Cada una de estas experiencias sumadas a la necesidad personal de superación académica y universitaria, nos ha permitido ser representantes estudiantiles influyentes en la disidencia política de Venezuela.

Un manifestante se sienta en una calle frente a los miembros de la Guardia Nacional Bolivariana durante enfrentamientos en el marco de una protesta contra Nicolás Maduro, 27 de febrero del 2014, en Caracas. Foto: Miguel Gutiérrez – EFE.

De la adolescencia-juventud a la lucha democrática

Tomo como referencia a Venezuela y Hong Kong, no solamente por la experiencia propia de la dirigencia estudiantil, sino por las similitudes políticas y generacionales que representan ambos casos, con jóvenes nacidos a finales de la década de los 90 y comienzos del 2000, quienes decidieron abandonar su adolescencia y juventud, para liderar un proceso de cambio activo en favor de la democracia y su propio futuro a largo plazo.

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Gabriel Cabrera

Gabriel Cabrera es presidente de la Federación Nacional de Estudiantes de Derecho, líder estudiantil y activista de derechos humanos

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