mayo 23, 2024

La reaparición del dictador

Daniel Ortega reapareció en cadena nacional el 15 de abril, luego de haber permanecido desaparecido por 34 días de la vida pública y en silencio total desde su puesto de presidente de Nicaragua. Aunque la silla presidencial ha estado vacía desde abril del 2018, cuando Ortega permitió que sus simpatizantes agredieran a manifestantes –que protestaban primero por el incendio forestal a la Reserva de Indio Maíz, y luego contra reformas que le hicieron al seguro social–, sin pronunciar ninguna palabra hasta que se contabilizaron los primeros muertos.

“Tenemos la capacidad para atender a la población”, dijo Ortega en su discurso. Su desaparición no significó nada más que la re-afirmación del desgobierno y negligencia del Poder Ejecutivo en medio de la pandemia Covid-19.

Sus palabras parecían una burla hacia el pueblo, como si nos considerara tontos, ciegos o que simplemente cree que pasamos por desapercibido todas las acciones insólitas que el Ministerio de Salud ha lanzado a nivel nacional para la supuesta “prevención” de la proliferación de casos.

Por ejemplo, la concentración de personas que sacan a la calles para que vayan a sus ferias de la salud o sus marchas descabelladas de “Amor en tiempos de Covid”, que van en contra de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud que pide mantener el distanciamiento entre personas, por lo menos a un metro de distancia.  

En Nicaragua se ha realizado concentraciones denominadas “Amor en tiempos de COVID-19” que son impulsadas desde la dictadura de Daniel Ortega. Foto: BBC

Ortega hablaba como si pasara por alto que los trabajadores de la salud van de casa en casa para concientizar y explicar las medidas de prevención y síntomas de la enfermedad, sin ni siquiera ellos tomar sus propias medidas de autoprotección y cuidado. También olvidó mencionar a los académicos del Consejo de Dirección del Centro de Investigaciones y Estudios de la Salud (CIES) de la UNAN – Managua, que fueron despedidos al pronunciar opiniones acerca de la pandemia, según denunció la ONG Aula Abierta.

El mismo Ministerio de Salud no ha autorizado a las instituciones privadas de salud realizar la prueba para detectar el Coronavirus, que son fundamentales para detectar a tiempo a los infectados.

Esta acción evidencia que la dictadura no está interesada en que se sepa el número de casos reales de sospechosos y contagiados del virus, pues si los laboratorios de las instituciones privadas realizan pruebas, la información se volverá pública. Pero mientras ellos sigan teniendo el control de dicha información, pueden manejarla a conveniencia. Así, el pueblo nunca sabrá cuál es la verdadera incidencia de casos por COVID-19 en Nicaragua.

Se sabe que el Sistema de Salud Nacional no está capacitado para la atención integral de pacientes con coronavirus. Incluso no está preparado para pacientes con otro tipo de enfermedades. Quien diga lo contrario, nunca ha visitado un hospital público. Y no es que la atención de las clínicas  privadas sean de primer nivel, pero la dictadura se jacta de que la atención en las unidades de salud es gratuita y que han remodelado las estructuras de algunos hospitales, cuando estas no cuentan con equipos ni medicamentos necesarios para cubrir la demanda nacional de la ciudadanía que asiste a cada uno de estos establecimientos.

Porque aquí, en mi Paisito de las Maravillas, hay prioridades: en el 2019 se aumentó el Presupuesto General de la República a la Policía Orteguista y se disminuyó al Sector Salud.

Porque está claro: reprimir, asediar y detener ilegalmente a quienes se oponen al régimen, es mucho más importante que la salud del pueblo.

En su discurso de 30 minutos, Ortega se vanaglorió que en Nicaragua sólo existían nueve casos positivos y un fallecido por el Covid-19 (datos oficiales hasta el 15 de abril). Hizo énfasis en que eran casos importados del exterior y que aún no había datos de transmisión comunitaria. Omitió, por supuesto, los 4 casos que Cuba reportó, antes del 15 de abril, de ciudadanos que viajaron a Nicaragua y que regresaron enfermos a la isla.

Claro, este pedacito de tierra es tan especial, que somos los únicos en el mundo capaces de importar y exportar casos de Coronavirus sin presencia de contagio comunitario.

Ortega también decidió no abordar ciertos datos dentro de su monólogo: por ejemplo, no reveló el dato exacto de cuántas pruebas se realizan a diario en las instituciones públicas afiliadas al Ministerio de Salud para detectar el virus.

Una de las cosas que más llamó la atención fue su discurso doble moral.

Fue chocante escucharlo hablar sobre paz mundial y armas, cuando su gobierno es el responsable del dolor causado a su propio pueblo con el uso de la fuerza de la policía y parapolicías que se encargaron de herir y asesinar a más de 300 personas durante las Revueltas de Abril –como se le conocen a las protestas contra el dictador–, incluyendo niños, jóvenes, estudiantes y padres de familia, que salieron a protestar en contra de la dictadura. Hasta la fecha estos asesinatos continúan en impunidad.

Un manifestante niño se para frente a la policía durante las protestas del 2018 en Nicaragua. Foto: Publinews.

También parece que se olvidó que, en el 2016, gastó 80 millones de dólares para comprar 50 tanques de guerra a Rusia y que hoy en día se encuentran oxidándose y siendo utilizados para exhibición.

Me removió escucharlo hablar sobre los migrantes africanos que intentan cruzar las fronteras, cuando el mismo gobierno sandinista en octubre del 2016 mandó a las fuerzas antidisturbios de la Policía Nacional a Peñas Blancas para expulsar a estos mismos migrantes que intentaban cruzar desde Costa Rica.

Fue indignante cuando habló de los migrantes centroamericanos que se dirigen a Estado Unidos, porque hay más de 100 mil nicaragüenses que, desde abril del 2018, han tenido que exiliarse en países como Honduras, El Salvador o Panamá, huyendo de la represión, persecución y violaciones a derechos humanos que, el gobierno de Ortega, y su esposa Rosario Murillo, han liderado.  

No hay Gobierno

Pero no es como si realmente los miles de ciudadanos que se oponen a Ortega se hubiesen creado falsas expectativas esperando que Ortega informara acerca de un plan de contingencia sanitaria, que incluyera lo económico y humanitario, como han hecho en su mayoría los líderes de otras naciones frente a la pandemia.

Muchos sólo estuvimos atentos a la transmisión para confirmar que el dictador estaba vivo. Daba morbo saber qué diría o cómo se vería. Al final, tuvo más impacto el rumor de que estaba muerto y los “memes” en las redes sociales –gracias a la picardía de los nicaragüenses– que todo el discurso del tirano opresor.

Cuando Ortega habla no se reconoce un liderazgo en él. No es un Jefe de Estado que sepa qué hacer ante las adversidades. Sólo brinda discursos vacíos a sus seguidores para seguir aparentando su estado de paz, tranquilidad y que todo lo tiene bajo control.

Pero a su vez busca cómo colocar al país frente a la comunidad internacional ante un acto de chantaje fríamente calculado, en el que el desgobierno de Ortega pide a gritos que se le suspendan las sanciones internacionales por sus crímenes de lesa humanidad.

Aunque la sarta de palabras que Ortega dijo durante su aparición es completamente vacía, influyen sobre la manera en la que las personas sienten: vergüenza, impotencia, enojo. Son sentimientos que florecen cuando se cae en cuenta que Ortega no está apto para gobernar. Tiene un discurso hipócrita, evasivo, inútil, absurdo e irresponsable. En Nicaragua no hay gobierno.

Todavía no se ha hecho la declaratoria de una emergencia, ni la adopción de medidas de cuarentena. Vale la pena entonces reflexionar: ¿Nicaragua está realmente preparada para auto-sostenerse frente a una cuarentena? La respuesta para obvio: no. Esto tendría un gran impacto en el Sistema Económico Nicaragüense, porque para que el país produzca dinero se requiere que la población esté en sus puestos de trabajos. En Nicaragua no es como en otros países donde se puede perfectamente trabajar desde casa.

En Nicaragua la mayoría de los trabajos son informales. Las personas necesitan salir a la calle para vender sus productos y poder costearse un plato de comida para sus familias. ¿Qué pasa si nos vamos a cuarentena y estas personas se quedan sin la posibilidad de trabajar?

La gente tiene miedo. Yo tengo ansiedad. Nadie quiere ser otro dato de la estadística: ni de sospechosos, ni de contagiados, ni mucho menos de muertos.

El temor de muchos no sólo es contagiarse. También infectar a las personas que viven a su alrededor. Nadie soportaría vivir con esa culpa. Sobre esto último se podría hacer un paralelismo con el 2018: quienes participaron en protestas y estuvieron en la cúspide de la violencia ejercida por el régimen, no tenían miedo sólo por ellos. Tenían miedo por las represalias que se podían tomar contra las familias de los protestantes.

La dictadura es capaz de todo. Lo ha demostrado. No le pesa jalar el gatillo.

Me queda la indignación de las negligencias del Estado, que se entremezclan con las violencias estructurales, que han estado desde siempre, y los privilegios que te dan la posibilidad de seguir viviendo, dependiendo a qué tipo de recursos tienes acceso y a cuáles no.

Sigue la incertidumbre de no saber qué va a pasar frente la irresponsabilidad del Estado, que toma todas las medidas contrarias a las recomendadas.

Simplemente da miedo. También enojo.

La vieja cultura política

Parece necesario también escribir sobre las acciones de la oposición, agrupada en la Alianza Cívica por la Democracia y la Justicia con diversos sectores del país que fueron convocados para unirse por la Conferencia Episcopal para la apertura del diálogo con la dictadura en mayo del 2018.

En 2018 Daniel Ortega se sentó a dialogar con la oposición tras protestas que fueron reprimidas. Foto: France 24.

Esta alianza pasó de su estrategia de comunicados, a utilizar la cara de liberación de los presos políticos y el restablecimiento de nuestros derechos constitucionales en el último pronunciamiento de algunos de sus miembros, como moneda de cambio para darle tregua nuevamente al régimen de Ortega-Murillo, quien se aprovecha de la situación ante el mundo para pedir que organismos de financiamiento internacional brinden acceso a fondos para enfrentar la pandemia.

¿La Alianza Cívica por la Democracia y la Justicia preguntó a los familiares de los presos políticos si esto es lo que realmente querían? ¿O sólo negocian con las fichas sin siquiera preguntar? ¿Será acaso el dinero lo único que sienta a negociara Ortega y la Alianza Cívica nuestros derechos?

La dignidad del nicaragüense nuevamente vendida y comprada, repitiendo patrones de la vieja cultura política que ya nos tiene con la impunidad de los delitos de lesa humanidad sobre nuestros hombros.

¿Qué pasa si estas negociaciones nuevamente no llegan a nada y Ortega no cede? ¿Qué va a pasar cuando el sistema colapse? ¿A quién vamos a acudir? ¿A quién vamos a llamar?

Preguntas necesarias

¿De qué sirve la campaña “lávate las manos’’, cuando vives en comunidades donde no tienes acceso a agua potable? ¿Qué pasa cuando a duras penas tienes para el plato de frijoles del día y desde la dictadura te dicen “utiliza alcohol gel”?

¿Qué va a pasar si la pandemia se vuelve insostenible en Nicaragua? ¿Cómo tener fé en qué las instituciones del Estado nos acuerparán, cuando no confías ellas? Y cómo hacerlo cuando todos los crímenes que cometió la dictadura, la Policía Nacional o los parapolicías están en la impunidad.

¿Cómo sentirse ante las acciones del Ministerio de Salud que envían personal sanitario casa por casa, acompañado por oficiales de la policía, que representan al cuerpo de seguridad que reprimió, asesinó y torturó a miles de manifestantes, sin que hoy haya justicia?

Es muy difícil tener que abrir la puerta sin sentir indignación.

La dictadura de Ortega-Murillo no tiene el interés en promover medidas de prevención. Seguramente seguirán llamando a las aglomeraciones, negando casos, asegurando que todo está controlado y mintiendo sobre las pocas capacidades con que el país cuenta para hacer frente a la pandemia.

La reaparición de Ortega evidencia que la dictadura y el Coronavirus forman parte inseparable de una misma crisis y que la única salida pasa porque los ciudadanos prevengan el contagio por su cuenta propia, con medidas tales como una cuarentena voluntaria, quienes puedan aplicarla, claro está.

El Estado no nos protege, sólo nos hiere y nos mata. Y como ciudadanos comprometidos por un cambio en nuestro país, nos toca prepararnos para todas las acciones negligentes que pueda tomar el régimen que nos desgobierna.

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La Harriet-chan Escritora

La Harriet-chan Escritora es una activista de derechos humanos nicaragüense que escribe bajo anonimato para protegerse frente a la dictadura de Daniel Ortega. La Harriet-chan Escritora pertenece al Colectivo Autonomía 18.

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